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Falleció Miguel Ángel Vítola, testigo y protagonista de la historia fueguina

Miguel Ángel Vítola, testigo y protagonista de la historia fueguina, falleció este viernes a los 81 años a causa de una penosa enfermedad. Fue fotógrafo de la Gobernación durante 27 años también impulsó fototeca territorial y fue el primer director del Centro Histórico Documental de Río Grande, que luego divino en el actual Museo Municipal.

Publicamos el último reportaje que le hiciera Radio Universidad (93.5 MHZ) a principios de marzo de 2015.
Fue militar en la Marina de Guerra; fue hachero en el corazón de la Isla; fue el primer fotógrafo oficial del entonces Gobierno Territorial fueguino, participó de muchos eventos históricos de Tierra del Fuego y del país como la desaparición del Remolcador ‘ARA Guaraní’; el conflicto con Chile por las Islas del Beagle y muchos otros acontecimientos. Su vida estuvo plagada de aventuras desde que llegó a Ushuaia en el Crucero ‘ARA General Belgrano’ hace 60 años. La tira ‘El Loco Chávez’ del Diario Clarín lo retrató en la contratapa y fotografió para la revista La Semana al General Perón en su último discurso en la Casa Rosada.
Miguel Ángel Vítola, alma viva de la historia fueguina, fue entrevistado por los micrófonos de FM Universidad de esta ciudad (93.5), en el contacto de los viernes que realiza esta emisora con El Vaticano, por el director del medio, Alberto Centurión y el corresponsal en Roma doctor Marcello D’Aloisio con la locutora Lorena Vera.

Ya pasaron por este programa los antiguos pobladores José Federico Ilnao, Aldo Donoso, ‘Coco’ Sevillano, ‘el Pollo’ Kovacic, ‘Coca’ Bilbao, Roberto y Ana Berbel, Fernando Barría, Graciela Pesce, Carlos Pastoriza, ingeniero Enrique Chacra, Lucho Torres y Adrián Goodall, entre otras personalidades relevantes de la historia fueguina.
A Miguel Ángel Vítola le falta una pierna debido a una enfermedad y solo se desplaza en silla de ruedas. “Esta tierra nos abrigó a todos los que vinimos con muchos sueños”, introdujo Vítola y agregó que Tierra del Fuego “tiene algo especial; he tratado de averiguar de los parentescos de los ancestros sobre qué tiene esta tierra y esto es que tiene un misterio incalculable; que no se puede uno ni imaginar de dónde viene o cuál es su origen. Sé que tiene un punto de atracción y ese punto de atracción tampoco te lo puedo definir porque vine por tres meses a esta tierra y a los tres meses ya tenía mi traslado porque yo estaba en la Armada y de esto, hace 60 años que estoy acá”.
Consultado sobre los cambios experimentados por sus vivencias en Tierra del Fuego y si ha cambiado para peor o para mejor, Vítola entendió que “hay que dividir la situación de esta provincia. Creo que socialmente ha cambiado rotundamente, ya no aporta al origen natural de la convivencia, de la amistad, de la parte cultural”.
Agregó: “no es que yo soy un fanático de la cultura, soy un romántico de la cultura; soy expresivo y crudo en la cultura cuando tengo que defender, porque defender la cultura es defender la humanidad y el derecho de la humanidad”.
“Yo hice una campaña antártica y cuando vine no conocíamos esto y cuando me tocó el pase en el Crucero General Belgrano –que me trajo a Tierra del Fuego- veníamos en navegación y yo quería permutar el pase porque decían que Tierra del Fuego era tierra de presidio, no hay un alma y todo eso; pero cuando el buque entró al Canal Beagle, sinceramente todo el mundo fue a cubierta porque era increíble lo que estábamos mirando, esa imponencia; era otro mundo”, recordó.
Agregó que “cuando vimos ahí a un pueblito empotrado entre las montañas (Ushuaia), con sus chimeneas, porque todavía se quemaba la leña, dije: acá está mi sueño y gracias a Dios que nadie me aceptó la permuta. Ahí desembarqué y me tocó el pase en la Estación Aeronaval frente al Canal Beagle por tres meses en comisión. Me gustó tanto Ushuaia que me quería quedar, pero tenía que aceptar el sistema de traslados”.
Relató que “por suerte fui una persona a la que le ayudó mucho el fútbol y digo esto porque jugaban los oficiales con los subalternos y se habían enterado que fui arquero de Newells Old Boys y me pusieron ahí. Fui tomando confianza y un suboficial infante de marina me dijo: ‘che, coloradito, no te gustaría quedarte acá en Tierra del Fuego’. Le dije que sí, que me gustaría y no sé cómo hicieron, pero me quedé en Tierra del Fuego”.

Desaparición del ‘Remolcador ARA Guaraní’

Miguel Ángel Vítola también fue testigo de la desaparición del buque de la Armada Argentina ‘ARA Remolcador Guaraní’, del cual era tripulante, pero por una situación fortuita no embarcó en el fatídico buque. Un tatuaje en su brazo testimonia a su primera novia y tiene relación directa con lo ocurrido en la víspera de la partida del ‘Guaraní’.
“Ese tatuaje me salvó la vida. Yo tenía 17 años cuando me lo hice y la historia viene así. En ese tiempo los que hacían fotos para eventos en Ushuaia eran Favale, un señor que tenía negocio de importación y un sobrino de ‘Manolo’ Santa María y después yo. Pero ellos no hacían fotos en esos días y justo había un bautismo y no había gente que saque fotos, así que se enteraron de que yo lo hacía y me vinieron a buscar a la Base Aeronaval un viernes”.
En este punto comentó que “yo tenía un suboficial amigo de apellido Morando, quien me animó a dedicarme a la fotografía incluso me ofreció comprarme los flash y todo eso. Cuando estas chicas vinieron me dijeron que el bautismo era al día siguiente, el sábado. Anoté la dirección para ir y le digo al suboficial Morando –yo era cabo segundo en ese tiempo- me explicó que ese domicilio quedaba en la calle Piedra Buena en su intersección con San Martín”.
Relató que “yo estaba comisionado en el Remolcador ARA Guaraní, en la parte de comunicaciones y este barco tenía la mitad de su tripulación de licencia ese día y tenía que zarpar el viernes pero no pudo por un desperfecto, lo hizo a las 6 de la mañana del martes (14 de octubre de 1958) para ir a la Antártida a buscar un enfermo de peritonitis”.
“Ese día viernes no pudo levar anclas el Guaraní y entonces vuelvo a la Base Aeronaval, donde a la tardecita me vinieron a buscar estas chicas y que querían que les saque las fotos el martes, día en que me tocaba franco, aunque estaba a la expectativa por si partía el Guaraní, donde tenía mi equipo”.
Agregó que “como era mi franco no necesitaba comunicarlo a nadie, así que me voy al bautismo, era un matrimonio chileno y como todos sabemos, en estos eventos hacían una verdadera fiesta familiar y había de todo, comida, bebidas, música, baile. Me quedé hasta el corte de la torta para sacar fotos y entonces decidí volverme y empecé a despedirme. Yo era pelirrojo y me había puesto un traje para estar a tono –me vieron muy pintón- y unas chicas me pidieron que me quede porque venía el baile y entonces me quedé”, recordó.
“A la mañana yo me vuelvo a la Base Aeronaval por donde se llegaba cruzando la oscura pasarela. Había tomado en la fiesta licor de huevo y al final también un oporto o algo así para brindar. Cuando salgo y camino a mi destino, comencé a sufrir los efectos del alcohol y en ese tiempo las calles de Ushuaia eran más empinadas que ahora y había un poco de escarcha y pegué la patinada, me dolía la espalda del golpe. Casi hice una cuadra así porque llegué a la pasarela. Me compuse un poco, tomé el equipo y comienzo a cruzar la pasarela, que en ese tiempo no tenía iluminación”.
Prosiguió: “Siento detrás mío una respiración, no me animé a volverme, apuro un poco el paso y esa respiración seguía y cuando llegué a la culminación de la pasarela y al inicio de la explanada, dejé de escuchar esta respiración, no vi a nadie. Ahí tomé hacia la Base Aeronaval, llegué a la guardia no había centinela. Observé el fusil tirado en el piso, el centinela era Alguatti, un flaco alto al que le decíamos ‘Guadaña’, quien era de Pompeya y hablaba ‘aporteñado’. En la parte de comunicaciones veo sidra y de todo, lo mismo en la cámara de oficiales, era como si había una fiesta y efectivamente era así porque cumplían años dos oficiales -un oficial y un marinero-, ‘Guadaña’ estaba más adentro meta y ponga tomando con los otros. Al otro día me dijo que se pasó de la raya. Al final era yo era el único que estaba en pie ese sábado”, memoró.
“Por qué me salvó la vida este tatuaje. Porque cuando llego a la mañana, había uno que no estaba ebrio me dice: ‘che, colorado, te estuvieron buscando por todos lados porque zarpó el Guaraní y no te pudieron encontrar’. Entonces recordé que cuando yo estaba en la fiesta de bautismo en esa casa antigua que todavía está, vi pasar un Jeep de la Armada y en realidad era que me andaban buscando por los bodegones, que había muchos en esos tiempos”.
“La misma persona me dijo que en mi lugar fue Servini, un compañero de camarote mío. Al miércoles siguiente (15 de octubre de 1958) yo estaba de guardia y a las 11:35 horas me llaman por radiotelegrafía desde el Guaraní, era Servini. Me dice: ‘Colo, nos estamos moviendo impresionan…’. Fue la última comunicación que tuvimos con el buque. En esos tiempos, todos los buques y las estaciones transmitían a 500 kilociclos y se enteraba todo el mundo, por una cuestión de seguridad”.
“Cuando salta la transmisión de 500 kilociclos, ya no había señal de retorno. Ahí vino el Comandante de la Base y era todo un mundo de gente tratando de averiguar qué había pasado. Fueron incesantes las llamadas al buque, pero no hubo nunca más respuestas. Me quedé con la hoja del libro de guardia como recuerdo de ese trágico día”, confió.
Explicó que no se encontraron restos porque “cuando hay Mar 4, como se califica a determinadas condiciones para la navegación que son muy difíciles, hay una regla que se denomina ‘Condición Zeta’ y en esos casos trabaja el grupo de Control de Averías, los que sellan todo el buque y absolutamente nadie puede salir a la cubierta de la embarcación. En el Guaraní esta condición se había establecido, estaba totalmente hermético”. “El tatuaje me lo había hecho un día antes y esa fiesta de bautismo me salvó la vida y conocí a mi primera novia”, cerró.

Ushuaia: un pueblito de 800 almas

Reveló que hace 60 años había unas ochocientas almas en Ushuaia. “Era un núcleo de viviendas en la bahía, en la calle Maipú; no había ninguna gotita de viento, parecía que las columnas de humo era una continuidad recta con las chimeneas. Era una cosa impresionante eso así que todo el mundo sacaba fotos”.
Recordó que fue cadete en la Fundación Eva Duarte de Perón, “que tenía facultades, hogares escuelas para chicos huérfanos y creo que esa fue la gran obra. Una cosa era ser peronista y otra ser justicialista, que es muy distinto. Recuerdo que lo del ’55 fue bravísimo, vi caer gente a montón en Puerto Belgrano. Pero no vale la pena hablar de eso ahora. Trabajé dos años en la Fundación Eva Perón y cuando ingreso a la Marina, un suboficial que me quería muchísimo me dijo: ‘coloradito, piantate de acá, pedí la baja porque te van a lustrar’, esa fueron sus palabras porque lógicamente cualquier persona que haya tenido algo que ver con el peronismo la hacían ‘pastilla’ como se decía en ese tiempo”.
Relató que por ese motivo se fue de la Marina “y me quedé en Ushuaia; trabajé de hachero escondido en el monte y había una diputada nacional, Esther Fadul de Sobrino, que me ayudó muchísimo y me consiguió un trabajo –en el aserradero Bronzovich- y me armaron un rancho en el monte con hachas, víveres, bueyes y como fui del campo no tenía ningún problema de voltear rollizos. En esos tiempos voltear siete rollizos te lo pagaban dos pesos con veinte, pero vivías. Estuve cuatro años, medio escondido. Después todo se fue construyendo y fui saliendo como el cangrejo cuando baja la marea. Cuando anochecía, me iba al pueblo (Rancho Hambre) a tomar unas copas, tenía amigos. Me caminaba tres kilómetros de cordillera”.
En esos tiempos, “la mayoría de los hacheros eran chilenos y un día un gobernador (Ernesto Campos) pasa por ahí y un capataz le dice: ‘sabe una cosa Gobernador, se va a caer de espaldas’ – y el Gobernador le pregunta por qué. Le responde: ‘porque en la cuadrilla que está allá arriba en los tres ranchos ¿sabe lo que hay? Hay un argentino”, memoró Vítola.
“Los chilenos me enseñaron a cortar el rollizo, a desmenuzarlo y hacer astillas con el hacha grande para poder hacer el fuego”, recordó.
“Este gobernador, que no era otro que don Ernesto Campos, me fue a visitar. Se fue a caballo porque no se podía entrar en coche, y me encuentra, me le presento y me preguntó si estuve en la Armada. Me preguntó por qué me había ido y le conté. Sin dudas hay un Dios todopoderoso porque ese encuentro fue el principio de mi suerte porque a los 15 días llega el capataz y me dice: ‘Vítola, tenés que bajar, ir a la Gobernación y esta es la tarjetita del Gobernador’.”
“Me recibió el Gobernador y me invitó un café; en aquellos tiempos estar ante un gobernador era algo muy importante. Me preguntó si fui radiotelegrafista en la Armada y asentí. Me propuso hacer fotografías”, reseñó y agregó que “me dijo el gobernador Campos: ‘me voy dentro de cuatro meses como Gobernador, tenés esta oportunidad, acá tenés el Decreto (de nombramiento) vas a entrar con Categoría 16 y como fotógrafo’. Me dijo que haga una lista de lo que necesitaba y que prepare un lugar para el laboratorio”. Vítola cambió su hacha por una cámara fotográfica y conformó el primer laboratorio fotográfico de Tierra del Fuego que funcionaba en el sótano de la Casa de Gobierno, desde donde comenzó a registrar gráficamente la historia de los fueguinos.
Miguel Ángel Vítola también fue de los primeros en sacar fotos aéreas de la geografía fueguina. “Una vez vino un corresponsal de una revista italiana y no llegó su avión, entonces me llama el gobernador Campos y me pide ver cómo podemos solucionar el problema y le propuse que usemos el Arava (Aravá es el avión de la Gobernación de fabricación israelí) yo tengo a un piloto amigo, Mario Marconcini (desaparecido en 1984 cuando comandaba el Lear Jet que llevaba al Gobernador Ramón Trejo Noel, la esposa de éste y parte del Gabinete territorial. Todos fallecieron en esta tragedia) que yo me iba a atar con arneses boca abajo y es así que saqué las fotos. Le indicaba a Marconcini que lleve el avión por determinados lugares”.
Es así que aprovechó para hacer un mosaico fotográfico desde el Monte Olivia hasta el Monte Susana. “Repetimos este circuito también sacando yo fotos con las cámaras del corresponsal de la revista italiana gracias a la predisposición de Marconcini que repitió la ruta a la misma velocidad, dirección y altura”.
Muchas veces Marconcini le prestaba el comando del avión en el aire “y podía sentir esa sensación de dominio sobre el aparato, parecía un pájaro volando”, recordó.
También relató en otro tramo sobre el telegrafista Eduardo Van Aken, quien “transmitió muchas veces desde el Correo de Río Grande distintos eventos”.
La tira cómica de ‘El Loco Chávez’ que se publicaba en Clarín, menciona a Vítola en esta famosa historieta con el nombre de ‘Michel Vítola’. El equipo de este diario estuvo 17 días en Tierra del Fuego y el entrevistado los acompañó como fotógrafo oficial en todos los recorridos que hicieron en Tierra del Fuego.

“Apúrese viejo de mierda que la gente lo está esperando”

Miguel Ángel Vítola trabajó como fotógrafo de la otrora revista La Semana y también dijo ser alumno del fotógrafo Igarreta de la revista Gente. Fue a cubrir el último discurso de Juan Domingo Perón. Después de ‘adornar’ a un dependiente de Casa de Gobierno, logró ubicarse en un lugar estratégico abajo, al lado de una escalera “y entra Perón con (José) López Rega y ellos ni se percataron de mi presencia, cuando escucho decir a López Rega: ‘Apúrese viejo de mierda que la gente lo está esperando’, esto lo tiene que saber el pueblo argentino de cómo lo trataba este personaje al General”.
Lamentó que hoy el peronismo no sea lo que fue en su momento, como una fuerza capaz de cambiar con grandes ideales al país. “Hoy solo es ostentación, no hay ideología y se perdió la doctrina, todo es confusión y avaricia por los cargos políticos, no es la vocación política de servir al prójimo y a la Patria, solo es salvarse asimismo.

Conflicto con Chile por islas del Beagle

“Lo que ocurrió en 1982 fue la crisis tremenda que había en el Comando de la Armada, Massera y otros personajes”, dijo. Pero hay que volver cinco años atrás, al conflicto por las tres islas con Chile, Picton, Lennox y Nueva. “Yo estaba cubrieron la visita de Massera y el 12 de diciembre de 1977 a Massera le dicen que debe ceder. No puedo decir lo que tuvo que ceder por respeto profesional. Ese día había jueces de La Haya y muchísimos periodistas en el muelle de Ushuaia. Ningún periodista pudo embarcar con los jueces de La Haya, yo lo pude hacer por mi condición de fotógrafo oficial del Gobierno fueguino, en el ARA ‘Bahía Buen Suceso’, que era el buque argentino que fue al Beagle. La Argentina tuvo que demostrar por qué las tres islas eran nuestras”.
Agregó que “para eso, en el Puente del ‘Bahía Buen Suceso’, nuestra cancillería estuvo presente con muchísimos mapas y documentos. Los jueces de La Haya no podían creerlo, estuvieron una hora y media deliberando. Luego pasamos a Chile, por Navarino, donde embarcó un Capitán de Navío y el Embajador de Chile, nadie más. Y cuando tocó recorrer durante una hora y media Picton, Lennox y Nueva, los jueces de La Haya se miraron unos a los otros porque desde las tres islas salían embarcaciones, había viviendas, salía humo por las chimeneas, chicos jugando. O sea, una gran actividad”.
Resumió que durante las cuatro horas de regreso a Ushuaia, donde los esperaba una gran recepción en el Hotel Albatros, “tomé tanta confianza con los siete jueces de La Haya, uno de cuyos miembros era español, que saqué mis cartas y le enseñé a jugar al Truco en el camarote. Ahí me enteré de que las Islas ya no eran nuestras. Por eso me negué después ante el Gobernador de entonces a cubrir esta recepción en el Hotel Albatros, porque las Islas Picton, Lennox y Nueva ya no serán nuestras”.
“Dejé el Gobierno y me vine a Río Grande en desacuerdo por esta traición al pueblo argentino”, dijo y recordó la sentencia de José María Sobral “que en 1946 dijo que mientras persista la ignorancia en el pueblo sobre los límites territoriales argentinos, vamos a seguir perdiendo territorios”.
Vítola tiene muchas anécdotas, por ejemplo, le indicó al Gobernador Ernesto Campos el lugar donde debería levantarse la Hostería Kaikén en la cabecera del Lago Fagnano y allí se construyó.
En Río Grande fundó el Centro Histórico Documental a fines de los ’80 y principios de los ’90, que fue luego fue la base del Museo Municipal ‘Virginia Choquintel’.

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