Convertido en una de las postales más emblemáticas de Ushuaia, el histórico remolcador encallado frente al Canal Beagle atravesó distintos anuncios oficiales de “puesta en valor” durante varios gobiernos provinciales. Sin embargo, pese a las millonarias inversiones anunciadas, el deterioro de la embarcación continúa avanzando y vuelven las preguntas sobre el destino de los fondos públicos y los resultados concretos de las obras ejecutadas.
Ushuaia.- El Saint Christopher dejó hace tiempo de ser solamente un barco encallado frente a las costas de Ushuaia. Con los años, el histórico remolcador oxidado se transformó también en un símbolo recurrente de otra realidad fueguina: la facilidad con la que distintos gobiernos anuncian obras millonarias que después terminan envueltas en dudas, silencios y escasos resultados visibles.
A pocos metros del puerto de Ushuaia y convertido desde hace décadas en una de las imágenes más reconocibles del Fin del Mundo, el viejo buque volvió una y otra vez al centro de anuncios oficiales vinculados a su “recuperación patrimonial”, su preservación histórica y su puesta en valor turística.
Sin embargo, el barco sigue allí. Cada vez más corroído, más deteriorado y más alejado de aquellas promesas de restauración definitiva.
Obras, anuncios y millones
Las primeras grandes intervenciones sobre el Saint Christopher cobraron impulso durante la gestión de la ex gobernadora Rosana Bertone. Desde la Dirección Provincial de Obras y Servicios Sanitarios (DPOSS), el entonces funcionario Guillermo Worman encabezó un proyecto que prometía preservar la estructura del remolcador “por más de cien años”.
En aquel momento, el discurso oficial hablaba de saneamiento integral, refuerzos estructurales y trabajos destinados a proteger el casco del impacto constante del oleaje y la corrosión marina.
Incluso se construyó un pedraplén alrededor de la embarcación, en el marco de una intervención que ya entonces implicaba la utilización de importantes recursos públicos y formaba parte de la agenda institucional del gobierno provincial.
Pero pese a las obras ejecutadas y los anuncios oficiales, el deterioro nunca se detuvo.
Con la llegada al poder del gobernador Gustavo Melella, lejos de revisarse críticamente los resultados de aquellas intervenciones, el Saint Christopher volvió a convertirse en escenario de nuevos proyectos y promesas.
El oficialismo retomó el discurso de la “puesta en valor”, insistiendo en la necesidad de preservar uno de los principales íconos históricos y turísticos de Ushuaia.
En 2022 se anunció otra inversión millonaria, superior a los 43 millones de pesos. Las presentaciones oficiales contaron con la participación de la ministra Gabriela Castillo y del titular del Instituto Fueguino de Turismo, Dante Querciali, quienes detallaron nuevas tareas de recuperación estructural, iluminación y mejoras integrales sobre el casco del remolcador.
La escena volvió a repetirse: funcionarios presentando planes de recuperación mientras el deterioro del barco seguía siendo visible a simple vista.
Patrimonio, abandono y preguntas sin respuesta
Con el paso de los años, el debate dejó de ser únicamente patrimonial para transformarse también en una discusión política, administrativa y presupuestaria.
Después de distintas obras, múltiples anuncios y sucesivas partidas económicas destinadas al Saint Christopher, todavía persisten interrogantes sobre qué trabajos se ejecutaron realmente, cuánto dinero terminó destinándose en total y cuáles fueron los controles técnicos y administrativos sobre cada etapa de intervención.
El resultado concreto permanece frente a los ojos de residentes y turistas:
hierro corroído, estructuras desgastadas y sectores visiblemente destruidos por el avance del agua, el viento y el paso del tiempo.
El Saint Christopher atravesó diferentes gobiernos provinciales, acumuló promesas de restauración y consumió decenas de millones de pesos públicos. Sin embargo, el barco nunca dejó de hundirse lentamente frente a Ushuaia.
Para muchos, la imagen termina funcionando como una metáfora incómoda de numerosas obras públicas fueguinas: anuncios grandilocuentes, cambios de funcionarios y resultados que nunca terminan de concretarse.
Un símbolo histórico del Fin del Mundo
Más allá de la polémica política y administrativa, el Saint Christopher conserva un enorme valor histórico y simbólico para Ushuaia.
Se trata de un remolcador estadounidense construido en 1943 —algunas fuentes señalan que su origen fue en Escocia— bajo el nombre ATR-20 Justice, destinado originalmente a operaciones de la Marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
El buque participó activamente en operaciones navales vinculadas al desembarco de Normandía y años más tarde llegó al extremo sur argentino con una misión específica: intentar reflotar al crucero Monte Cervantes, naufragado en 1930 cerca del faro Les Éclaireurs.
La operación fracasó y, posteriormente, el Saint Christopher sufrió averías en su sistema de timón y planta propulsora. Finalmente, fue abandonado y remolcado hasta el sitio donde permanece desde 1957, frente a la bahía de Ushuaia.
Con el tiempo, el viejo remolcador se convirtió en una de las postales más reconocidas de la capital fueguina y en un emblema visual del paisaje del Canal Beagle.
Pero mientras continúa siendo fotografiado por miles de turistas cada año, la corrosión marina y el deterioro estructural siguen avanzando sobre una embarcación cuya recuperación definitiva todavía parece una promesa pendiente.


















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