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50 AÑOS DE LA LEY 19640: LA MIRADA DEL CONTADOR MORENO

El contador Luís Moreno ha sido legislador provincial y coautor de la ley de creación del Fondo de Inversiones para la Nueva Provincia. Autor de los libros “Una nueva estrategia de crecimiento económico” (1989);  “Los tiempos de Tierra del Fuego” (1998); “La deuda de Tierra del Fuego” (1999) y “Como salir de la crisis” (2001).

Por Luís Moreno (*) Medio siglo han transcurrido desde la sanción de la Ley 19640 que permitió lograr una profunda transformación en la estructura económica y social de Tierra del Fuego, a punto tal, que aún en la actualidad, sería imposible concebir a nuestra provincia sin el imperio de esa norma, que permitió instalar una base estable de población.

El objetivo central de la ley 19640 que llevó a su creación fue el factor geopolítico el cual mantiene una vigencia renovada y permanente. Efectivamente. Los fueguinos necesitamos tanto de la industria, como el país de un polo de desarrollo estable en la isla. Ambos se complementan para sentar soberanía que implica prestar atención al dominio y usufructo de los espacios geográficos; objetivos imposibles de alcanzar con la economía pastoril de la Tierra del Fuego de antaño.

En circunstancias en que el país se encontraba en proceso de organización, que concluyó con la sanción de la Constitución Nacional en el año 1853, las provincias en estado de ebullición, protegieron sus intereses mediante pactos federales. Siempre pensé que en la sanción de la ley que creó nuestra provincia, debería haberse incorporado, el reconocimiento de nuestro régimen promocional como pacto preexistente; ello como garantía a los embates económicos y políticos que aun subsisten y que incluso, hace pocos días atrás, motivó que una organización vinculada a intereses del sector agroexportador, reclamara su derogación lisa y llana.

Por ello debemos reconocer que el transcurso de su vigencia no ha sido lineal. Por el contrario. Distintas circunstancias han generado atrasos y adelantos que han sido coincidentes con políticas económicas claramente diferenciadas. Si uno trazara una curva temporal de la producción de bienes industriales de la provincia y el nivel de empleo del sector, podrá advertir que los picos críticos se dan en los tiempos en que el modelo de país se inclina hacia posiciones liberales ortodoxas y esencialmente aperturistas (última etapa de la dictadura militar del 70, Menem y Macri) y, por el contrario, la industria se estabiliza o crece durante los gobiernos de corte popular, con políticas de sustitución de importaciones (Alfonsín – Kirschnerismo y actual gobierno).Ello se explica en razones claramente ideológicas. Para un liberal ortodoxo lo fundamental se asienta en un enfoque monetario o de balanza comercial,  muy por encima de razones geopolíticas o regionales.

El impacto social de estos ciclos ha dejado huellas profundamente marcadas que han motivado que los habitantes de esta provincia tengan clara conciencia de que el régimen de promoción es una herramienta fundamental para el desarrollo de su vida diaria y la proyección de su futuro.

No hay ninguna actividad, ya sea esta primaria, secundaria o industrial, al igual que el comercio y el consumo, que no esté claramente afectada por los beneficios fiscales y tributarios que establece la ley. Sin embargo, y es bueno decirlo, la distribución equitativa de estos beneficios hacia el interior de la isla, es una tarea pendiente.

Sin lugar a dudas la industria fueguina se ha ido superando como consecuencia de una fuerte inversión de capital. Augusto Lorente, en su trabajo sobre los procesos de inversión en la argentina industrial, pone de relieve la evolución positiva que en términos de inversión ha tenido Tierra del Fuego, que le ha permitido sobrellevar los altibajos de su legislación promocional, con incorporación de capital, tecnología y procesos de avanzada.

Si bien Tierra del Fuego no es una novedad ya que regímenes de promoción de zonas alejadas existen como Manaos, Hamburgo, Panamá, Hong Kong, entre otras, que realizan producción de bienes electrónicos de consumo y celulares por sistemas de ensambladoras, en nuestro caso particular los niveles de integración son absolutamente meritorios.

En resumen no existe en el mundo una fábrica o un parque industrial que produzcan todos los componentes electrónicos, lo cual, en mayor o menor escala, se reproduce el sistema de maquila, constituyendo por ello, como factor diferenciador, el nivel de calidad, la modernización tecnológica, la rotación de los productos, entre las más importantes.

LA LEY 19640 EN EL MUNDO

Pocos lo saben, pero para que un producto producido en el área promocionada sea considerado argentino según la normativa local, debe hacerse una mayor tarea de ensamblado de la que se exige en otras áreas similares localizadas en otras latitudes. En 2012 se impusieron exigencias de mayor cantidad de componentes nacionales en los equipos de audio y aire acondicionado. En audio, son argentinos el 89% de los cables, el 86% de los tornillos y el 82% de los bafles, según datos de 2017 del Ministerio de Industria provincial. Los televisores incorporan software argentino, paking, plástico y algunos componentes electrónicos.

Los celulares argentinos son calificados internacionalmente con un nivel de standard en igualdad de condiciones del mercado mundial. Se exportan bienes al exterior. Por ejemplo Famar, que exporta el 80% de su producción y cuenta como clientes a Fiat, Volvo, Renault, Daimler y General Motors.

UNA MIRADA RETROSPECTIVA (**)

Los comienzos de la década del 70 mostraban a Tierra del Fuego con una población que se consolidaba en apenas una decena de miles de habitantes. Parecía que las actividades fogoneras relacionadas con el petróleo, la ganadería, el turismo incipiente, el movimiento marítimo, la extracción forestal y la pesca de altura, hubieran agotado sus posibilidades para ofrecer nuevas perspectivas para el desarrollo de una isla casi deshabitada.

El poder central, tironeado por mandos militares, formulaba permanentes hipótesis de conflicto que definían a la Patagonia como una zona decididamente caliente y a la Isla Grande de Tierra del Fuego en el ojo de esa tormenta.

En el año 1972, en el marco esas circunstancias, nace el régimen de promoción económico para Tierra del Fuego. Los mentores de la ley 19640 Cayetano Licciardo Daniel García Ernesto, Ernesto Parelalda y Arturo Mor Roig,  enviaron al Poder Ejecutivo Nacional una extensa nota en la que aconsejaban al presidente la aprobación de esta nuevo régimen promocional destinado a cubrir, de acuerdo a sus propias palabras, un espacio legal que le permitiera al territorio nacional de tierra del fuego obtener mejora Fiscales para favorecer la radicación de actividades productivas”. Básicamente una norma orientada a la exportación desde la isla  libre de impuestos nacionales en los insumos y en los productos.

Los sistemas promocionales no eran una novedad académica. Diversos régimenes habían sido puestos en funcionamiento con el objetivo de primario de propulsar polos de desarrollo que favorecieran la descentralización económica y el desarrollo más equilibrado  del país. Entre otros sirvió como antecedente la ley 19904 que generaba una promoción industrial que comprendía el desarrollo de nuevas actividades y áreas geográficas industriales; la expansión, consolidación, modernización y reestructuración de la industria existente y la descentralización industrial.

El estudioso de estos sistemas, Ricardo Ferrucci, asistente técnico sobre la formulación de la ley 19640, expone en su libro “La promoción industrial en argentina” que “… El desarrollo regional y las áreas de fronteras es un objetivo que debe ser saldado con legislaciones promocionales claras y precisas” alentando además que las actividades industriales a localizar estén orientadas a la sustitución de importaciones en condiciones de razonable competitividad.

Las condiciones excepcionales que preveía el naciente régimen industrial también estuvo referenciada en que el reparto generoso de normas promocionales basados en la ley 19904 lejos de darles ventajas a la zona austral, la desfavorecían notablemente ya que debían luchar contra la insalvable deseconomía de una gigantesca distancia a los principales centros de consumo y abastecimiento, siéndole imposible competir con aquellos régimenes mejores ubicados.

Estos argumentos, adosados a las invocadas razones de estrategia nacional fueron suficiente razón para que prosperara el criterio de una promoción especial, que ofreciera atractivos adicionales a otros regímenes promocionales, para darle oportunidad de radicación de inversiones a la región austral.

Es así que la ley 19640 instituyo un régimen promocional de singulares características a la que se le sumaron la liberación absoluta de impuestos nacionales, la reducción substancial de los gravámenes de importación y la aplicación de un sistema de reembolsos para los bienes que se incorporen de procedencia nacional, consolidando, en efecto, el sistema de estímulos fiscales y tributarios más amplio del país.

Las bases legales estaban echadas.

No fue sin embargo la sola existencia de la legislación promocional la causa de la transformación industrial  de Tierra del Fuego. En el orden nacional hubo un rotundo cambio en las condiciones generales de la economía lo que valorizó las prerrogativas diferenciales de la región.

La ley de promoción adquirió relevancia cuando se conjugó con la crisis del modelo de indutrialización sustitutiva de importaciones. En efecto a partir de 1976/77 se produjo la apertura del mercado local a la competencia internacional, sumándose a ello el retraso cambiario que caracterizó la política del entonces Ministro de Economía Martínez de Hoz, provocado un verdadera destrucción de la industria nacional y en particular de la electrónica, la que buscó compensar la situación aprovechando los beneficios que ofrecía la ley 19640 en el Territorio Nacional de Tierra del Fuego.

La génesis de la transformación que experimentó Tierra del Fuego puede seguirse en forma detallada a través de los cuadros censales. A pesar de que el régimen estuvo vigente a partir del año 72, la población y la cantidad de establecimientos industriales prácticamente no sufrieron grandes alteraciones.

Los habitantes de la provincia en el transcurso de esos años se mantuvieron constantes en aproximadamente 12000 habitantes y los emprendimientos de carácter industrial apenas llegaban a una veintena, con la salvedad de que los mismos no eran fuertes demandadadoras de empleo.

El salto de la población se dio a partir del asentamiento de las nuevas actividades relacionadas con la electrónica, y más tarde con la textil. En solo diez años (1977/87) la población se incremento en un 350% pasando de 15.000 habitantes a 63.400.

Paralelamente, Tierra del Fuego, vio crecer su plantel de industrias de manera abrupta. De tan solo un par de decenas de establecimientos industriales que funcionaban en el año 77, en el 85 excedían las 150.

Miles de argentinos se radicaron en la isla a la sombra de los galpones que crecían a paso agigantando. La prosperidad proyectó inversiones de distintas procedencias. Las condiciones del mercado y la fuerte demanda de aparatos electrónicos, entre ellos el incipiente consumo de la TV color, consolidaban la actividad.

La participación de la actividad electrónica en el mercado nacional tuvo una importancia fundamental. En materia de de los rubros de radio, videocaseteras y televisores, los productos de Tierra del Fuego cubrían el 65 por ciento del mercado, y en el rubro electrodoméstico el 42 por ciento.

El producto bruto industrial llegó a superar los 900 millones de dólares, lo que dimensiona la magnitud del impacto que tuvo la industria en la balanza comercial del Territorio Nacional de ese entonces.

El crecimiento económico fue tan abrupto, en todas sus variables, que no tiene antecedentes en el país, y solo podría ser comparado en Sudamérica con el impacto que generó el sistema promocional de Manaus en Brasil

El incremento de la población, en consecuencia, fue la respuesta inmediata a una sostenida demanda laboral por parte de las industrias, lo que a su vez requirió de un aceleramiento en los ritmos de otras ramas como la construcción, servicios y administración pública.

En este aspecto, es importante tener en cuenta los cambios cualitativos que además se produjeron. La relación de población extranjera, en su mayoría chilena, estimada hasta inicios de la expansión generada por el régimen de promoción en un 60 por ciento, cayó progresivamente hasta asentarse a fines del 88 en solo un 15 por ciento.

En el año 77 se produjeron en Tierra del Fuego 600 nacimientos, diez años mas tarde trepaban a 1800, es decir el triple.

La industrialización trajo aparejado un cambio profundo en el perfil social de Tierra del Fuego, que incidió en su calidad de vida, condiciones sociales de los nuevos asentamientos, e incluso el perfil de una nueva cultura, cuyos emergentes mas notorios fue la ausencia de una identidad fueguina clara.

Los recién llegados provenían de los lugares más recónditos de la geografía del país. Venían buscando lo que se les negaba en la mayoría de sus provincias de origen: trabajo y porvenir. Se acuño el término de “la isla de la fantasía” para sintetizar lo que para muchos constituía una sociedad artificial, que pendía del hilo de una ley de promoción.

Los que se sumaban a este proceso de expansión se preguntaban hasta cuando duraría el fenómeno. Muchos empresarios también se preguntaban lo mismo, y no fueron pocos los que montaban industrias con el solo objeto de usufructuar los beneficios promocionales.

Vivir el momento parecía que era la consigna. Familias enteras trabajaban duramente para “hacer la diferencia” y volver  a su terruño. El desarraigo no era solo un término social. Había calado muy profundo en la ideosincracia de gran parte de la población y se hacía sentir en los modos y estilos de vida.

La inversión pública, destinada mayormente a generar condiciones aceptables de vida de una comunidad que crecía de manera desordenada, no alcanzaba a estabilizar la sociedad fueguina. El estado nacional, por su parte, invertía vía subsdidios implícitos que se generaban a través de los beneficiados directos del régimen, es decir los propios industriales.

La discusión del costo fiscal de la ley 19640, que en la actualidad prevalece, ha sido materia de un punto central en el argumento de sus detractores. En 1989 publique el libro “Una nueva estrategia para el desarrollo económico de Tierra del Fuego” donde exponía, en ese sentido que “No es lineal la relación costo- beneficio fiscal de la ley 19640. Si el proceso industrial no se hubiera consolidado en Tierra del Fuego no solo tendríamos una isla de pocos habitantes, en su mayoría extranjeros, con lo que conlleva en materia geopolítica, sino que la electrónica que abastece el mercado interno sería importado, sin generar trabajo y con una mayor necesidad de divisas para materializar la compra de productos terminados en el exterior”.

LA LEY 19640 Y SUS PERSPECTIVAS ACUALES

Tres hechos fundamentales convergen positivamente para el futuro de Tierra del Fuego. Ellos son la prorroga de la ley 19640 hasta el año 2038, la constitución de un fondo para el desarrollo productivo integrado por el aporte obligatorio de las industrias que operan con la ley de promoción, y la anunciada construcción por el grupo MIRGOR del Puerto de Río Grande que permitiría, en relación a la actividad industrial, una reducción del 30 por ciento del costo logístico.

Son tres hechos que no pueden ser tomados por separado toda vez que generan una sinergia que dan un impulso vital al desarrollo económico de la provincia. Sin lugar a dudas sortear el cuello de la inseguridad jurídica del sistema promocional que conspiraba severamente sobre nuevas  inversiones y ralentizaba las existentes es la base fundamental para pensar en construir el futuro que se avecina. El puerto es la infraestructura ideal para resolver los costos operativos y logísticos de la producción local y, la constitución de un fondo de desarrollo que permitirá volcar 50 millones de dólares anuales y 750 millones en el lapso de su vigencia que es de 15 años, es un instrumento poderoso para volcar recursos a la actividad privada y a la infraestructura económica.

En la actualidad, la presencia en los hogares argentinos de productos de bienes producidos en Tierra del Fuego, es un orgullo que pocas regiones del país tienen. Televisores, lavarropas, audio, video e intercomunicación celular, son productos que en todo momento están presente en la vida de los argentinos.

Ampliar la base productiva, generar nuevos horizontes, impulsar una equitativa distribución de beneficios y lograr un mejor estándar de vida  es un desafío que hoy tiene una perspectiva favorable. En nuestras manos queda la posibilidad de lograrlo.

(*) El contador Luís Moreno ha sido legislador provincial y coautor de la ley de creación del Fondo de Inversiones para la Nueva Provincia. Autor de los libros “Una nueva estrategia de crecimiento económico” (1989);  “Los tiempos de Tierra del Fuego” (1998); “La deuda de Tierra del Fuego” (1999) y “Como salir de la crisis” (2001).

(**) Extraído del libro “LOS TIEMPOS DE TIERRA DEL FUEGO” del propio Luís Moreno.

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