El castellano evoluciona permanentemente con los usos sociales y regionales. En Argentina existen expresiones incorporadas al lenguaje diario que forman parte de nuestra identidad, aunque muchas veces abren debates sobre la precisión de algunas palabras, como ocurre con el uso de “ser” y “estar”, o determinadas formas del género gramatical.
(Por Ramón Taborda Strusiat).- El idioma no es solamente un conjunto de reglas escritas en los libros. Es también una construcción cotidiana, una herramienta viva que cambia con las generaciones, los territorios y las costumbres de quienes lo utilizan.
El castellano que se habla en Argentina tiene características propias que lo hacen reconocible en cualquier parte del mundo: el voseo, determinadas expresiones populares, la musicalidad del habla y palabras que fueron incorporándose a partir de nuestra historia migratoria y cultural.
Sin embargo, algunas formas instaladas en la conversación diaria suelen generar interesantes debates sobre el uso preciso del lenguaje.
Uno de los ejemplos más frecuentes aparece con dos verbos fundamentales del castellano: ser y estar. No significan exactamente lo mismo.
Decir “es bueno” generalmente hace referencia a una característica, una cualidad o una valoración más permanente. En cambio, “está bien” suele vincularse con una condición, situación o circunstancia determinada.
Un ejemplo sencillo: “El edificio es seguro” describe una característica propia de esa construcción.
Mientras que: “El edificio está seguro” puede interpretarse como una condición circunstancial, producto quizá de una medida adoptada en un momento determinado.
Sin embargo, el habla argentina transformó muchas de estas estructuras y expresiones como “está bueno” pasaron a formar parte del lenguaje cotidiano.
Una persona puede decir “la película está buena” y todos comprenderán perfectamente que quiso decir que le gustó o que considera que tiene calidad, aunque desde una mirada más clásica del idioma la construcción esperada sería “la película es buena”.
Presidente, estudiante y cantante: el peso de las palabras terminadas en “-nte”
Otro debate frecuente aparece con algunas palabras terminadas en “-nte”.
Vocablos como presidente, estudiante, cantante, dirigente o integrante tienen una particularidad: históricamente funcionan como términos comunes en cuanto al género, donde la diferencia aparece marcada por el artículo.
Así decimos:
El estudiante
La estudiante
El cantante
La cantante
Siguiendo esa misma lógica tradicional:
El presidente
La presidente
Durante los últimos años, sin embargo, algunas formas alternativas se extendieron socialmente y también fueron aceptadas por el uso. Allí aparece una de las características más interesantes del idioma: la tensión permanente entre la tradición lingüística y la evolución impulsada por los hablantes.
Talvez muchos recuerden el tono altisonante de Sergio Massa cuando decía “La presidenta!”.
Ser
En la filosofía, el ser es el concepto más general y abstracto que designa la existencia, la esencia o la realidad de las cosas. Desde pensadores clásicos como Parménides hasta corrientes modernas, se utiliza para estudiar todo aquello que existe y sus propiedades fundamentales, si bien se usa también para definir características permanentes, nacionalidades, profesiones o materiales (ej: “Ella es inteligente”, “El anillo es de oro”).
Asimismo, funciona como verbo auxiliar para formar la voz pasiva (ej: “El libro fue escrito por…”).
En eventos y tiempo indica cuándo ocurre un evento o la hora (ej: “La fiesta es el sábado”, “Son las tres”).
Estar
El verbo “estar” es el segundo verbo copulativo fundamental en español. A diferencia de “ser”, se utiliza principalmente para expresar estados temporales, condiciones variables y ubicaciones en el espacio.
Ubicación: Localiza personas, lugares u objetos en el espacio (ej: “El hospital está en el centro”, “¿Dónde estás?”).
Estados temporales: Describe condiciones físicas, de ánimo o de salud que cambian (ej: “Estoy cansado”, “La sopa está fría”).
Acciones en progreso: Funciona como auxiliar junto a un gerundio (ej: “Estoy estudiando para el examen”).
Fechas y precios: Expresa el tiempo cronológico o costos variables con preposiciones (ej: “Estamos a viernes”, “El dólar está a…”).
El idioma cambia, pero la precisión importa
La riqueza de una lengua está justamente en ese equilibrio: permitir que evolucione sin perder claridad.
Muchas expresiones que alguna vez fueron cuestionadas terminaron incorporándose naturalmente porque millones de personas comenzaron a utilizarlas.
Pero al mismo tiempo, conocer el origen y significado de las palabras permite elegir mejor cómo comunicarnos.
En el periodismo, en la literatura y en cualquier ámbito donde la palabra escrita tiene un valor especial, cada término lleva consigo una intención.
Porque hablar no es solamente transmitir sonidos: es ordenar ideas, preservar historia y construir cultura.





















