La referente Selk’nam y concejal justicialista de Ushuaia cuestionó las miradas que continúan ubicando a los pueblos originarios en un pasado cerrado y llamó a recuperar la historia desde la memoria de las familias y comunidades que mantienen viva su identidad en toda la provincia. Desde sus redes sociales, Vanina Ojeda realizó una profunda reflexión sobre identidad, memoria y territorio: “No somos una fotografía antigua, un capítulo cerrado ni una referencia del pasado. Somos presente. Somos continuidad. Somos comunidad”.
Ushuaia, 12 de septiembre de 2026.- “Nos guste o no a algunos, les pese a quien les pese: estamos acá”.
La frase de Vanina Ojeda resume el sentido de una profunda reflexión sobre la identidad, la memoria y la presencia actual de los pueblos originarios en Tierra del Fuego. Desde su pertenencia Selk’nam y su propia historia familiar, cuestionó las miradas que todavía presentan a los pueblos originarios como parte de un pasado terminado.
A través de sus redes sociales @vaninaojeda_selknam_ona, la referente de Ushuaia puso además en discusión aquellas interpretaciones que intentan ubicar a las comunidades dentro de los actuales límites territoriales de las ciudades, divisiones administrativas que no existían cuando los pueblos originarios ya habitaban y recorrían la Isla Grande de Tierra del Fuego.
“Antes de las divisiones administrativas, de las fronteras y de los mapas impuestos, nuestros pueblos ya existían en este territorio”, sostuvo.
En aquella Tierra del Fuego anterior a las delimitaciones actuales existían recorridos, vínculos, intercambios, familias y una memoria compartida que atravesaba distintos puntos del territorio.
Una identidad que atraviesa toda la provincia
Uno de los principales ejes del planteo de Ojeda es precisamente la necesidad de dejar de pensar a los pueblos originarios exclusivamente desde categorías territoriales rígidas.
“Soy Selk’nam de Ushuaia”, afirmó, para luego ampliar esa pertenencia hacia una historia familiar que atraviesa toda la provincia.
Primos, tíos, hermanas, hermanos, sobrinas, sobrinos, hijas, hijos, nietas y nietos Selk’nam forman parte, según explicó, de una trama familiar con presencia en Ushuaia, Tolhuin y Río Grande.
“Estamos en Ushuaia, en Tolhuin, en Río Grande; estamos en cada lugar donde nuestras familias han sostenido la memoria, la identidad y la lucha”, expresó.
Para Ojeda, esa realidad contradice una mirada que continúa ubicando a los Selk’nam y a otros pueblos originarios exclusivamente en los libros de historia.
“No somos una fotografía antigua, un capítulo cerrado ni una referencia del pasado. Somos presente. Somos continuidad. Somos comunidad”, reivindicó.
“Si vamos a hablar de historia, hablemos con seriedad”
La reflexión de Ojeda también abre una discusión sobre quiénes construyen los relatos acerca de los pueblos originarios y desde qué perspectivas se cuenta esa historia.
La referente advirtió sobre el riesgo de reducir procesos históricos complejos a etiquetas o interpretaciones construidas desde miradas externas, sin incorporar las voces, memorias y experiencias de las propias familias y comunidades.
“Muchas veces se hace desde libros, conversatorios o discursos de personas que no conocen nuestra historia viva, nuestras familias ni nuestras comunidades”, señaló.
En ese marco, sostuvo que cualquier discusión seria sobre la historia de los pueblos originarios de Tierra del Fuego debe contemplar los procesos de despojo territorial, violencia, persecución, silenciamiento y los intentos de exterminio que atravesaron.
Desde esa perspectiva, consideró que concentrar la discusión en divisiones que fragmentan las identidades puede terminar desplazando el eje de una historia atravesada por la violencia, pero también por la supervivencia, la resistencia y la transmisión de la identidad entre generaciones.
Una historia que continúa en el presente
El planteo de Ojeda desemboca así en una idea central: la continuidad.
La identidad Selk’nam, sostiene, no pertenece solamente a la historia que se enseña sobre Tierra del Fuego. Está presente en las familias, las comunidades y las nuevas generaciones que continúan reconociéndose como parte de ese pueblo.
Por eso, su reflexión propone modificar también la manera en que se habla de los pueblos originarios: no hacerlo solamente desde aquello que fueron, sino reconocer aquello que son.
“Los pueblos originarios de Tierra del Fuego seguimos vivos, seguimos caminando y seguimos diciendo con firmeza: aquí estamos”, afirmó.
Su reivindicación alcanza también al pueblo Yagán y plantea la necesidad de reconocer la presencia contemporánea de ambos pueblos en Tierra del Fuego.
“La memoria no se divide”
Hacia el final de su reflexión, Ojeda condensó su posicionamiento en dos afirmaciones: “La memoria no se divide. La identidad no se borra”.
Reconocer a los pueblos originarios de Tierra del Fuego implica, desde esa mirada, comprender que sus historias no quedaron detenidas en el pasado. Existen familias que continúan transmitiendo su identidad, comunidades que sostienen su memoria y nuevas generaciones que reclaman participar activamente también de la forma en que se construye y se cuenta la historia fueguina.
Frente a quienes todavía hablan de los pueblos originarios como si fueran únicamente parte de aquello que ocurrió alguna vez en Tierra del Fuego, Vanina Ojeda dejó una definición que atraviesa toda su reflexión: “Nos guste o no a algunos, les pese a quien les pese: estamos acá”.





















