Una iniciativa coordinada por el empresario Emilio Sáez logró reunir a vecinos, comerciantes, trabajadores, empresas y al Municipio de Tolhuin para asistir a “Pelusa”, un antiguo poblador de casi 80 años que vivía en condiciones extremadamente precarias. Retiraron varios camiones de residuos y acondicionaron un nuevo espacio con calefacción, agua, gas, baño y una habitación renovada. El propietario de Panadería La Unión rechazó adjudicarse el mérito de la acción y remarcó que solamente coordinó el esfuerzo de muchas personas que se sumaron desinteresadamente. “Más que recibir felicitaciones, lo importante es que cada uno haga algo por quien lo necesita”, expresó.
Tolhuin, 11 de agosto de 2026 (Ramón Taborda Strusiat).– Una verdadera cadena solidaria integrada por vecinos, comerciantes, trabajadores, empresas y organismos públicos logró transformar en pocos días las condiciones de vida de “Pelusa”, un histórico poblador de Tolhuin de casi 80 años que atravesaba una situación de extrema precariedad.
La historia fue dada a conocer por FM Aire Libre a partir del relato de Emilio Sáez, propietario de Panadería La Unión, quien coordinó la iniciativa pero insistió en destacar que el resultado fue posible gracias al esfuerzo colectivo de numerosas personas.
Lejos de atribuirse el mérito, Sáez puso permanentemente el acento en quienes respondieron al pedido y aportaron trabajo, materiales, herramientas, maquinaria y tiempo para ayudar a un vecino que necesitaba asistencia urgente.
Una relación que comenzó hace décadas
Sáez conocía a “Pelusa” desde hacía muchos años.
La relación entre ambos se remonta prácticamente a los comienzos de Panadería La Unión, cuando el poblador de Tolhuin realizó un trabajo relacionado con la instalación de gas que permitió al empresario avanzar con la puesta en funcionamiento de su emprendimiento.
Habían pasado décadas desde entonces.
Sin embargo, Sáez no tenía conocimiento acabado de las condiciones en las que actualmente transcurría la vida cotidiana de aquel hombre.
La situación cambió hace pocos días, cuando una persona le recomendó acercarse hasta su vivienda y observar personalmente lo que estaba ocurriendo.
Una situación que requería actuar inmediatamente
Cuando ingresó a la casa, Sáez encontró un panorama alarmante.
Había una importante acumulación de residuos, presencia de ratas, deterioro generalizado y condiciones que representaban incluso un permanente riesgo de incendio.
El lugar había dejado de reunir las condiciones mínimas necesarias para que una persona de casi 80 años pudiera vivir de manera digna y segura.
Frente a esa realidad, la decisión fue no limitarse a describir el problema ni esperar que alguien más apareciera para solucionarlo.
Había que actuar.
Y para hacerlo era necesaria mucha gente.
El llamado que encontró respuestas
A partir de ese momento comenzó a organizarse una red de colaboración.
Sáez realizó contactos y convocó a vecinos, comerciantes, trabajadores y empresas, mientras también se gestionó el acompañamiento del Municipio de Tolhuin.
La respuesta fue inmediata.
Personas de diferentes actividades comenzaron a ofrecer aquello que tenían a su alcance: algunos podían aportar materiales; otros, conocimientos técnicos; otros disponían de herramientas, vehículos o simplemente de sus propias manos para trabajar.
Gasistas, albañiles, comerciantes y trabajadores se incorporaron a la iniciativa.
El Municipio de Tolhuin, por su parte, acompañó las tareas aportando personal y maquinaria para avanzar con la limpieza del lugar.
Varios camiones de residuos
Una de las primeras tareas consistió en retirar la enorme cantidad de elementos y residuos acumulados.
La magnitud de la situación quedó reflejada en que fueron necesarios varios camiones para sacar todo lo que había dentro y alrededor del espacio habitado por “Pelusa”.
La limpieza era indispensable no solamente para recuperar el lugar, sino también por cuestiones sanitarias y de seguridad.
La acumulación había favorecido la presencia de roedores y generaba riesgos adicionales para una persona de avanzada edad.
Superada esa primera etapa, comenzó el trabajo destinado a garantizar condiciones habitacionales completamente diferentes.
Un lugar calefaccionado, con agua y gas
La cadena solidaria permitió construir y acondicionar un nuevo espacio para “Pelusa”.
Se trabajó sobre el piso, se colocaron ventanas y se avanzó con las instalaciones necesarias para contar con agua y gas.
También se acondicionó la calefacción, un elemento indispensable para cualquier vivienda de Tierra del Fuego y particularmente importante tratándose de una persona de casi 80 años.
Las tareas incluyeron además la construcción y renovación de espacios fundamentales para su vida cotidiana.
Un baño y una habitación completamente renovados
Entre las mejoras realizadas se encuentran un baño y una habitación totalmente acondicionados.
El objetivo no fue simplemente limpiar la vivienda existente, sino generar condiciones para que “Pelusa” pudiera comenzar una etapa diferente de su vida dentro de un ambiente seguro, calefaccionado y confortable.
Después de años viviendo en condiciones extremadamente precarias, podrá disponer de un lugar con servicios básicos y mayores condiciones de seguridad.
Si el clima permite completar las tareas previstas, la expectativa es que durante la próxima semana pueda instalarse definitivamente en el espacio renovado.
Sáez: “Yo solamente coordiné”
Uno de los aspectos que Emilio Sáez buscó remarcar al relatar la experiencia fue que la acción no debería ser presentada como una obra individual.
El empresario insistió en que él solamente coordinó el esfuerzo de mucha gente.
Detrás de cada avance hubo personas que aceptaron colaborar sin buscar reconocimiento público.
Hubo quienes aportaron materiales.
Otros ofrecieron su oficio.
Algunos participaron de la limpieza.
También estuvieron quienes pusieron a disposición maquinaria y recursos para poder transformar rápidamente un lugar que se encontraba profundamente deteriorado.
Para Sáez, el verdadero valor de la experiencia reside precisamente allí: en demostrar qué puede ocurrir cuando diferentes integrantes de una comunidad deciden colaborar para solucionar un problema concreto.
Una ayuda que no terminará con la obra
El compromiso asumido tampoco finalizará cuando “Pelusa” ingrese a su vivienda renovada.
Sáez explicó que existe la intención de continuar acompañándolo en esta nueva etapa.
Uno de los aspectos será ayudarlo con su higiene personal y otras necesidades cotidianas que puedan presentarse.
Además, proyecta organizar un esquema para que personas vinculadas con su panadería puedan acercarse periódicamente y colaborar con el mantenimiento de la vivienda.
La intención es evitar que, con el paso del tiempo, “Pelusa” vuelva a encontrarse solo frente a las dificultades que derivaron en la situación descubierta días atrás.
Acompañar después de ayudar
Ese seguimiento resulta probablemente tan importante como la intervención inicial.
Limpiar una casa y acondicionarla permite resolver una emergencia, pero acompañar a una persona mayor requiere continuidad.
Por eso, el proyecto solidario busca que la asistencia no termine con una fotografía de la vivienda terminada.
La intención es mantener el vínculo, observar sus necesidades y procurar que las nuevas condiciones puedan sostenerse en el tiempo.
“Que cada uno haga algo por quien lo necesita”
Frente a las felicitaciones recibidas por la iniciativa, Sáez volvió a quitarse protagonismo.
“Más que recibir felicitaciones, lo importante es que cada uno haga algo por quien lo necesita”, expresó.
La reflexión sintetiza el espíritu con el que pretende que sea conocida la experiencia.
No como la acción individual de un empresario, sino como el resultado de una comunidad que fue capaz de organizarse alrededor de una necesidad.
Para Sáez, además, lo sucedido con “Pelusa” puede servir como ejemplo para otras situaciones similares.
Seguramente existen personas que viven solas, adultos mayores o vecinos atravesando circunstancias difíciles que permanecen invisibles para buena parte de la comunidad.
Detectar esas situaciones y conseguir que alguien dé el primer paso puede activar nuevas redes de solidaridad.
Devolver una ayuda recibida hace muchos años
La historia encierra además una particularidad.
Décadas atrás, cuando Panadería La Unión apenas comenzaba, fue “Pelusa” quien realizó aquel trabajo de gas que ayudó a Sáez a poner en marcha su emprendimiento.
Muchos años después, los lugares parecen haberse invertido.
Ahora fue Sáez quien encontró a aquel antiguo conocido necesitando ayuda y decidió comenzar a movilizar voluntades para acompañarlo.
Pero tampoco lo hizo solo.
La respuesta de vecinos, trabajadores, comerciantes, empresas y el Municipio de Tolhuin convirtió una iniciativa individual en una acción comunitaria.
Una nueva etapa para “Pelusa”
Si las condiciones climáticas acompañan y pueden finalizarse los trabajos pendientes, durante la próxima semana “Pelusa” podrá instalarse definitivamente en su nuevo espacio.
Atrás quedarán la acumulación de residuos, los roedores, el riesgo de incendio y las condiciones extremas en las que había transcurrido buena parte de sus últimos años.
Tendrá calefacción.
Agua y gas.
Un baño.
Una habitación acondicionada.
Y, quizás todavía más importante, una red de personas que ahora conoce su situación y decidió acompañarlo.
La transformación material de la vivienda es evidente, pero la experiencia dejó otra enseñanza.
Todo comenzó cuando alguien advirtió una necesidad, otra persona decidió acercarse para comprobarla y, en lugar de mirar hacia otro lado, comenzó a llamar puertas.
Después llegaron los gasistas, albañiles, comerciantes, trabajadores, vecinos, empresas y el acompañamiento municipal.
Por eso Emilio Sáez insiste en correrse del centro de la historia.
Él coordinó.
La obra la hizo mucha gente.
Y gracias a esa cadena solidaria, un vecino de casi 80 años podrá comenzar una nueva etapa de su vida con mejores condiciones, mayor seguridad y, fundamentalmente, sabiendo que ya no está solo.





















