La Escuela de Emprendedores del Municipio de Río Grande mostró algunos de los resultados de su propuesta de capacitación a través de las experiencias de vecinos que lograron transformar conocimientos y oficios en oportunidades laborales. Un iniciador de fuego fabricado con madera reciclada, una emprendedora gastronómica que después de años de formación comenzó a enseñar pastelería y un electricista que finalmente consiguió su matrícula profesional reflejan diferentes caminos surgidos de esta política municipal. Durante 2026 se desarrollan más de 30 capacitaciones y desde el área anticiparon que esperan superar ampliamente las más de 700 certificaciones entregadas el año pasado.
Río Grande, 6 de octubre de 2026.- Tres historias diferentes, pero atravesadas por un denominador común, permitieron conocer los resultados que viene generando la Escuela de Emprendedores del Municipio de Río Grande como espacio de formación, acompañamiento y generación de nuevas alternativas laborales.
Las experiencias fueron compartidas durante una nueva edición del ciclo “Emprender desde el Sur”, dentro del programa “Nuestra Facultad en Frecuencia”, por Radio Universidad 93.5 MHz, conducido por el decano de la Facultad Regional Tierra del Fuego de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), ingeniero Francisco Álvarez, y la licenciada Sandra Vera.
Participaron Ornella Antonio, directora de Desarrollo Local; María de los Ángeles González, directora general de Desarrollo Local; Jazmin Medrano, creadora de “Alma Dulce”; Miguel Guzmán, egresado de la formación en electricidad; el ingeniero Guillermo García, docente de esa especialidad; y Alberto Quintana, responsable del emprendimiento Fuego Austral.
Desde el Municipio explicaron que la Escuela de Emprendedores forma parte de una política impulsada por el intendente Martín Pérez para fortalecer las capacidades de los vecinos y acompañar tanto a quienes tienen una primera idea como a quienes buscan profesionalizar un oficio o consolidar un emprendimiento.
De un pallet descartado a un producto que ya se comercializa
Una de las experiencias fue la de Alberto Quintana, recientemente egresado del Nivel 3 de la Escuela de Emprendedores y creador de Fuego Austral.
Quintana llegó a la capacitación en momentos en que no contaba con un trabajo estable y con varias ideas dando vueltas. Es profesor de tenis, maestro mayor de obras y tiene experiencia en carpintería, pero fue durante el proceso formativo cuando comenzó a definir un proyecto concreto.
La inspiración surgió a partir de una consigna vinculada con el aprovechamiento de materiales descartados y de una historia que había conocido sobre una persona que utilizaba maderas provenientes de cajones para producir elementos destinados a encender fuego.
La realidad fueguina terminó de darle forma a la idea.
El viento, la humedad y las dificultades que muchas veces aparecen al intentar encender una parrilla al aire libre llevaron a Quintana a diseñar un pequeño dispositivo elaborado con madera recuperada.
Así nació el “mini pallet Fuego Austral”, un iniciador construido artesanalmente a partir de madera de pallets descartados.
El producto mide aproximadamente 12 por 6 centímetros y su estructura permite la circulación del aire mientras mantiene armado el carbón durante el proceso de encendido.
“Hasta que se desintegra la madera, queda la estructura armada”, explicó Quintana al describir su funcionamiento.
La idea que comenzó dentro de una capacitación ya atravesó una segunda etapa: el producto comenzó a comercializarse en distintos negocios de Río Grande.
Reciclar también puede convertirse en una oportunidad
El emprendimiento llevó además a Quintana a recuperar otros materiales. Actualmente utiliza retazos de madera, melamina y otros descartes para fabricar pequeños muebles y objetos para el hogar.
“No puede ser que porque son maderas recicladas tenga que quedar feo”, planteó al explicar que procura transformar materiales que para otros ya no tienen utilidad en productos nuevos, funcionales y con una terminación cuidada.
Su experiencia resume uno de los objetivos de la Escuela: acompañar una idea inicial, ayudar a ordenarla y posteriormente brindar herramientas para presentarla, calcular costos, desarrollar una imagen y salir a buscar canales de comercialización.
Jazmín: de emprendedora y alumna a profesora
Otra de las historias fue la de Jazmín Medrano, responsable del emprendimiento gastronómico “Alma Dulce”.
Hace casi ocho años que comenzó su recorrido emprendedor y durante buena parte de ese tiempo participó de ferias y espacios municipales. El Paseo fue uno de sus primeros puntos de comercialización y posteriormente tuvo la posibilidad de participar junto a otros emprendedores en actividades realizadas fuera de la provincia.
Paralelamente, nunca dejó de capacitarse. Medrano reconoció que ese proceso le permitió comprender aspectos que muchas veces permanecen ocultos detrás de un producto terminado: administración, costos, rentabilidad, selección de productos y organización general del emprendimiento.
“Uno va a lo que sabe”, señaló, pero explicó que capacitarse le permitió ordenar aquello que no dominaba y entender, incluso, que no siempre resulta conveniente ofrecer una enorme variedad de productos.
Con los años comenzó a surgir otra inquietud: enseñar aquello que había aprendido.
La primera experiencia llegó en 2025, cuando realizó un taller destinado a niños. A partir de allí fue desarrollando un proyecto hasta que finalmente tuvo la oportunidad de incorporarse como capacitadora.
Actualmente dicta el taller “Pastelería y Postres para Eventos”.
Así, quien comenzó vendiendo sus elaboraciones en las ferias municipales y luego pasó por diferentes instancias de capacitación regresó a la Escuela desde otro lugar: ahora es ella quien transmite conocimientos a nuevos participantes.
“Es cuestión de animarse y ser constante”
Medrano reconoció que ponerse delante de un grupo de adultos representó un nuevo desafío, pero destacó la respuesta obtenida desde la primera clase.
Su intención ahora es transmitir no solamente técnicas de pastelería, sino también aquellas enseñanzas que surgieron de sus propios errores y de casi ocho años recorriendo el camino del emprendedurismo.
“Es cuestión de animarse, de ser constante”, resumió.
También destacó la importancia de compartir las capacitaciones con otras personas que atraviesan dificultades similares, porque permite comprobar que muchos de los problemas forman parte del propio proceso de emprender.
Miguel y una matrícula que significó mucho más que un certificado
La tercera experiencia tuvo como protagonista a Miguel Guzmán, quien comenzó a vincularse con la electricidad cuando tenía aproximadamente 17 años y durante años desarrolló tareas relacionadas con el oficio.
Sin embargo, tenía una cuenta pendiente: obtener su matrícula profesional.
La capacitación ofrecida mediante la Escuela de Emprendedores le permitió retomar ese objetivo y prepararse para rendir el examen correspondiente.
El proceso no fue sencillo. Guzmán había realizado anteriormente el curso, pero cuestiones laborales le impidieron presentarse a tiempo. Debió volver a capacitarse y finalmente consiguió superar la evaluación.
Para él, alcanzar la matrícula significó también poder asumir profesionalmente la autoría de sus propios trabajos.
“Hoy los méritos son míos”, resumió al recordar épocas en las que realizaba instalaciones que posteriormente debían ser firmadas por otra persona habilitada.
Ahora puede colocar su propia firma profesional.
La emoción familiar detrás del logro
Durante la entrevista, Guzmán dejó además uno de los testimonios más personales del encuentro.
Contó que durante mucho tiempo las obligaciones laborales y familiares hicieron que postergara sus propios proyectos. Este año, además, estuvo atravesado por el fallecimiento de su madre, quien seguía especialmente su intención de alcanzar finalmente la matrícula.
Por eso, cuando consiguió el objetivo, la alegría trascendió lo estrictamente laboral.
Destacó el acompañamiento de su esposa y de sus hijas y sostuvo que alcanzar la meta representó “un logro muy importante” que pudo compartir con sus afectos.
La matrícula le permite ahora formalizar plenamente una actividad que desarrolla desde hace años.
La diferencia entre saber electricidad y trabajar bajo norma
El ingeniero Guillermo García, docente de la formación eléctrica, explicó que la propuesta no busca solamente transmitir conocimientos prácticos.
El objetivo es que los participantes conozcan la normativa vigente y puedan realizar instalaciones seguras.
Según explicó, esa es precisamente una de las principales diferencias entre una persona que posee experiencia práctica y un electricista matriculado: la capacidad de ejecutar los trabajos conforme a las normas que regulan la actividad.
“La normativa da seguridad, soporte y respaldo a que la calidad no solo del trabajo, sino del servicio sea segura y estable en el tiempo”, señaló.
La formación comprende un nivel básico y otro avanzado. Una vez completados, quienes reúnen los requisitos pueden ser propuestos para rendir ante la UTN el examen necesario para avanzar hacia la matriculación.
García explicó que los egresados disponen de un año y dos oportunidades para rendir. Si no logran aprobar dentro de ese período, deben repetir la formación, una exigencia destinada a garantizar que quienes finalmente obtienen la matrícula mantengan actualizados los conocimientos necesarios para desarrollar una actividad directamente relacionada con la seguridad de las personas.
Más de 30 capacitaciones durante 2026
María de los Ángeles González destacó que la Escuela de Emprendedores se fue consolidando durante los últimos años y ampliando su oferta de acuerdo con las necesidades planteadas por los propios participantes.
La propuesta incluye tanto herramientas para quienes desean desarrollar emprendimientos como formación en oficios.
Además, existe un seguimiento de quienes se inscriben. Cuando una persona deja de asistir, integrantes del equipo se comunican para conocer su situación y determinar si continuará, teniendo en cuenta que existen otros vecinos esperando acceder a las vacantes.
Las capacitaciones son gratuitas para los participantes, aunque desde el Municipio remarcaron que detrás de cada una existe una inversión en docentes, equipos, organización y seguimiento. Durante este año se desarrollan más de 30 capacitaciones.
Más de 700 certificados y un cierre todavía mayor para 2026
Los números muestran también la dimensión que alcanzó el programa. Durante 2025 se entregaron más de 700 certificaciones y desde el área de Desarrollo Local anticiparon que la cantidad correspondiente a 2026 será considerablemente superior.
El crecimiento obligará incluso a pensar un espacio mayor para realizar el acto de entrega, que el año pasado se desarrolló en la Casa de la Cultura.
Para noviembre, además, está prevista la segunda edición de la Semana Global del Emprendedor, que incluirá nuevas propuestas para quienes quieran comenzar una actividad, capacitaciones destinadas a comercialización digital y otras actividades que serán anunciadas próximamente.
Detrás de las estadísticas, sin embargo, aparecen historias como las de Alberto, Jazmín y Miguel: un hombre que transformó madera descartada en un producto que llegó a los comercios; una emprendedora que después de años como alumna comenzó a enseñar; y un trabajador que, tras postergar durante mucho tiempo un objetivo personal, finalmente puede firmar profesionalmente aquello que construye con sus propias manos.
Tres recorridos diferentes que muestran cómo una capacitación puede convertirse en una herramienta concreta para generar trabajo, formalizar un oficio o transformar una idea en una oportunidad.





















