Carolina Bozzano de la Llosa, Victoria del Valle y Dina Rakhimzhanova impulsan “Álbum, Archivo Fotográfico Fueguino”, un proyecto comunitario que recupera imágenes familiares tomadas entre 1980 y 2000, un período atravesado por el crecimiento poblacional, la migración interna y las transformaciones sociales vinculadas al desarrollo promovido por la Ley 19.640. Ya reunieron alrededor de 420 fotografías y proyectan crear un archivo digital, abierto y accesible para investigadores, artistas y toda la comunidad.
Río Grande, 22 de septiembre de 2026.- En cajas de zapatos, antiguos álbumes familiares, sobres olvidados en algún placard o entre las páginas de un libro pueden permanecer guardadas imágenes que, aunque fueron tomadas para conservar un recuerdo personal, también cuentan una parte de la historia de Tierra del Fuego.
Un cumpleaños, una nevada, la construcción de una vivienda, una calle todavía sin pavimentar, un comercio que ya no existe, un paseo familiar, un automóvil, una escuela, un barrio en formación o simplemente una reunión alrededor de una mesa pueden transformarse, con el paso de las décadas, en documentos de una época.
Rescatar precisamente esas fotografías y reunirlas en un gran archivo colectivo es el propósito de “Álbum, Archivo Fotográfico Fueguino”, una iniciativa autogestiva impulsada por Carolina Bozzano de la Llosa, desde Prendedores Fueguinos, junto con Victoria del Valle y Dina Rakhimzhanova de Alpina Feria.
Las jóvenes eligieron concentrar inicialmente la búsqueda en fotografías tomadas entre 1980 y 2000, dos décadas fundamentales en la transformación demográfica, social y cultural de Tierra del Fuego.
Las fotos familiares también cuentan la historia
“Álbum Archivo Fotográfico Fueguino es una iniciativa autogestiva realizada por nosotras, tres jóvenes de la ciudad de Ushuaia, pero se trata de un archivo provincial”, explicó Carolina Bozzano de la Llosa a Radio Provincia.
La propuesta busca recuperar la memoria fueguina de aquel período mediante una convocatoria abierta para que cualquier vecino pueda aportar fotografías.
Existen dos modalidades. Las imágenes pueden incorporarse mediante un formulario disponible en Internet o acercarse físicamente durante las jornadas de digitalización que las integrantes del proyecto organizan en diferentes localidades.
La iniciativa ya pasó por Ushuaia y posteriormente llegó a Tolhuin y Río Grande, donde las impulsoras instalaron sus equipos para escanear los originales sin que sus propietarios tengan que desprenderse de ellos.
Las fotografías se digitalizan y son devueltas inmediatamente a las familias.
El espíritu del proyecto está sintetizado en una definición incluida por sus impulsoras en el material de difusión: “un archivo abierto, hecho por la comunidad, para la comunidad”.
Todo comenzó con un inesperado aluvión de fotografías
La historia de “Álbum” surgió casi accidentalmente.
Carolina relató que todo comenzó a partir de un emprendimiento personal y una convocatoria realizada en redes sociales.
“Un día hice un sorteo con la consigna ‘manden fotos, recuerdos de Tierra del Fuego’. Y pensé que nadie iba a enviar nada”, recordó.
Ocurrió exactamente lo contrario.
Comenzaron a llegar numerosas fotografías y detrás de cada imagen aparecía una historia.
Fue entonces cuando Carolina se comunicó con Dina y Victoria y les propuso realizar una muestra fotográfica.
Pero rápidamente comprendieron que aquello podía convertirse en algo mucho más importante.
“No íbamos a hacer una muestra con fotos de Instagram. Entonces había que armar un archivo”, explicó.
Así nació el primer formulario para recopilar material y posteriormente, durante abril, realizaron en Casa Beba la primera jornada presencial de escaneo.
Un financiamiento permitió recorrer la provincia
El proyecto comenzó luego a adquirir otra dimensión. Las jóvenes se presentaron a una convocatoria de financiamiento del Centro Cultural de España en Buenos Aires y la Fundación Williams. La propuesta fue seleccionada y esos recursos hicieron posible trasladar equipos y llevar las jornadas de digitalización fuera de Ushuaia.
De esa manera pudieron llegar a Tolhuin y Río Grande.
En Tolhuin la actividad se desarrolló en Panadería La Unión, incorporando además materiales pertenecientes al archivo fotográfico del propio comercio, un espacio estrechamente relacionado con la memoria cotidiana de la localidad.
En Río Grande, la convocatoria tuvo como escenario el Museo Fueguino de Arte Niní Bernardello.
Las jornadas también permitieron vincular el proyecto con otros archivos y colecciones provinciales, entre ellos materiales audiovisuales históricos.
¿Por qué de 1980 al 2000?
La elección temporal no es casual. Victoria del Valle explicó que inicialmente apareció relacionada con la propia generación de las impulsoras, pero posteriormente comprendieron que esas dos décadas condensaban una transformación particularmente importante de Tierra del Fuego.
“Lo que pensamos también es que enriqueció mucho, con la 19.640, la llegada de mucha gente”, señaló.
El crecimiento económico e industrial atrajo durante aquellos años a familias provenientes de diferentes provincias argentinas.
Cada una llegó con sus propias costumbres, comidas, formas de construir, celebraciones, expresiones y maneras de relacionarse.
“Ese entrecruzamiento de distintas provincias, con costumbres distintas, hasta culinarias y constructivas distintas, hace a la diversidad cultural de nuestra provincia y me parece que es identitario también”, explicó Victoria.
Ella misma nació y creció en Ushuaia y considera que esa convivencia con personas provenientes de diferentes lugares del país enriqueció profundamente su propia experiencia.
Así, el período 1980-2000 permite observar a través de imágenes domésticas cómo se fueron formando ciudades, barrios, familias y vínculos durante una etapa decisiva de la historia contemporánea fueguina.
Ya reunieron unas 420 fotografías
El archivo cuenta actualmente con alrededor de 420 imágenes, aunque la colección continúa creciendo.
Dina Rakhimzhanova explicó que una parte de su trabajo estuvo relacionada con investigar cómo era la comunicación visual fueguina de aquellas décadas.
Revisó publicidades, objetos, recursos gráficos y diferentes elementos utilizados entre 1980 y 2000 para trasladar esa estética a la propia identidad visual de “Álbum”.
El resultado puede observarse incluso en los materiales utilizados durante las jornadas: postales, stickers y piezas gráficas inspiradas en aquellos años acompañan a las fotografías familiares.
Las imágenes recopiladas se publican progresivamente en las redes sociales del proyecto, pero el objetivo es mucho más ambicioso.
Un archivo digital abierto para todos
Las impulsoras trabajan para desarrollar una página web donde pueda consultarse el material reunido.
La intención es que el archivo permanezca abierto y disponible para toda la comunidad.
“Queremos que toda la gente pueda acceder al material, ya sea para investigaciones, para procesos artísticos o porque quiere ver las fotos”, explicó Carolina.
El potencial académico también comenzó a despertar interés.
Las integrantes mantienen contactos con personas vinculadas con la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y consideran que las fotografías pueden convertirse en una valiosa fuente documental para investigadores de disciplinas como Sociología, Historia y otros campos de las ciencias sociales.
Porque una fotografía doméstica puede contener información que sus protagonistas jamás imaginaron al momento de apretar el disparador.
Detrás de una familia posando frente a su vivienda puede observarse cómo era un barrio. Detrás de un cumpleaños pueden aparecer objetos, alimentos o costumbres de una época. Una fotografía tomada en la calle puede conservar para siempre un comercio desaparecido, un vehículo, una forma de vestir o un paisaje urbano completamente transformado.
“Le tocó una fibra a la gente”
La respuesta comunitaria sorprendió incluso a las propias organizadoras. Dina contó que cuando publican fotografías aparecen inmediatamente vecinos reconociendo espacios y reconstruyendo historias.
“La esquina de mi casa”, “siempre pasaba por ahí” o recuerdos familiares comienzan a surgir alrededor de cada publicación.
“Se ve que le ha tocado una fibra a la gente”, resumieron.
Y ese fenómeno revela otra dimensión del proyecto: las fotografías no solamente preservan aquello que aparece dentro del cuadro. También despiertan recuerdos que permanecían guardados en quienes las observan.
De esa manera, cada imagen comienza a generar nuevos testimonios y la memoria individual se transforma progresivamente en memoria colectiva.
Martina Cabral, la voluntaria detrás de la organización visual
A las tres impulsoras se suman colaboradores que ayudan a sostener las distintas tareas. Entre ellos se encuentra Martina Cabral, voluntaria que durante las jornadas se ocupa especialmente de la organización visual y de preparar el material para su proyección.
Su trabajo resulta necesario porque las fotografías llegan en formatos muy diferentes: JPG, PDF y otros tipos de archivos que deben ser ordenados y convertidos para poder exhibirse conjuntamente.
Además, existe un proceso de selección para determinar qué fotografías corresponden al período elegido.
Martina explicó que algunas imágenes llegan con problemas de definición o incluso fuera del rango temporal de 1980 a 2000, por lo que deben revisarse individualmente.
Preservar la fotografía tal como es
Uno de los criterios más interesantes del archivo aparece precisamente frente a las imágenes deterioradas, desenfocadas o de baja calidad.
Las integrantes decidieron no reconstruirlas mediante Inteligencia Artificial.
La intención es preservar el carácter documental del material y mantener las fotografías tan próximas a los originales como sea posible.
Martina puso como ejemplo una imagen del buque Desdémona que había sido enviada en muy baja resolución.
En lugar de intentar reconstruir digitalmente aquello que la fotografía no permite observar, las integrantes prefieren comunicarse con su propietario y solicitarle que acerque el original para realizar un nuevo escaneo de mayor calidad.
El desenfoque, los colores alterados por los años, las imperfecciones y las características propias de las cámaras familiares forman también parte de la historia material de esas imágenes.
Un archivo que no tiene fecha de cierre
“Álbum” tampoco está pensado como una campaña temporal que finalizará cuando alcance determinada cantidad de fotografías.
Cuando le preguntaron a Carolina hasta cuándo continuará la recopilación, respondió con humor: “Hasta el infinito y más allá”.
Detrás de la frase existe una definición concreta: resulta prácticamente imposible establecer cuándo termina de construirse un archivo comunitario.
Siempre puede aparecer otra caja.
Otro álbum.
Una fotografía que permaneció durante cuarenta años guardada en un cajón.
O una familia que descubre que aquella imagen cotidiana tomada frente a su primera casa en Tierra del Fuego también cuenta algo de la historia de miles de personas que llegaron desde diferentes lugares del país para construir aquí una nueva vida.
Por eso, más que reunir fotografías antiguas, “Álbum, Archivo Fotográfico Fueguino” busca conservar las pequeñas historias que, cuando se colocan unas junto a otras, comienzan a contar una historia mucho mayor: la de la comunidad que fue construyendo la Tierra del Fuego contemporánea.





















