En una extensa entrevista en FM Monumental de Ushuaia, el ex vicegobernador y ex gobernador de Tierra del Fuego, Juan Carlos Arcando, repasó su trayectoria pública, reivindicó decisiones de su gestión, cuestionó con dureza al Gobierno provincial, habló de la crisis del Estado, la situación del puerto, la Policía, la obra pública y el hospital de Ushuaia, y además dejó definiciones sobre Malvinas, Antártida, el radar de Tolhuin, la reforma constitucional y el escenario político nacional. También admitió errores del espacio que integró y no descartó un eventual regreso a la función pública.
Ushuaia.- Juan Carlos Arcando volvió al centro de la escena política con una larga entrevista en el programa “El Ángel de la Radio”, por FM Monumental, donde dejó un diagnóstico severo sobre la actualidad de Tierra del Fuego y, al mismo tiempo, una cerrada defensa de varios aspectos de su paso por la gestión pública.
El ex vicegobernador —que asumió también la Gobernación durante los días de transición al final del mandato de Rosana Bertone— habló de su presente, de su vínculo permanente con vecinos que le piden gestiones, de su actividad física y de su vigencia política. Pero, sobre todo, aprovechó el diálogo para trazar una radiografía crítica del momento provincial y nacional.
“No me fui de la política. Esto es una pasión. Uno se puede ir del cargo, pero nunca deja de pertenecer”, afirmó.
Desde ese lugar, explicó que hoy cumple un rol de gestor comunitario:
“Todos los días me llaman vecinos por un turno, por un trámite, por ANSES, por la Caja. Yo conozco el Estado y doy una mano. Se lo debo a la comunidad”, confió.
A lo largo de la conversación, Arcando apuntó contra la administración de Gustavo Melella, sostuvo que el Estado fueguino atraviesa una etapa de “desidia”, cuestionó la presión impositiva sobre el sector privado, reclamó mayor planificación para la reconversión productiva y planteó que la reforma constitucional “sí es necesaria”, aunque no en este momento ni con el actual calendario.
Un dirigente que se define entre la vocación militar y la pasión política
En el comienzo de la charla, Arcando se mostró en una faceta más personal. Próximo a cumplir 65 años, contó que retomó con intensidad la actividad física por una decisión personal vinculada al cuidado de la salud y sostuvo que hoy sus metas pasan tanto por ese plano como por su permanente interés en la vida pública.
Definió a la Armada Argentina como una de sus grandes vocaciones y a la política como la otra. En esa línea, aseguró que de la política “uno nunca se va” y explicó que, aun fuera de cargos institucionales, mantiene un rol de gestor comunitario, ayudando a vecinos con trámites, turnos y gestiones ante organismos públicos.
Según relató, esa cercanía con la comunidad tiene que ver con su conocimiento del funcionamiento del Estado y con una concepción del servicio público que, dijo, no se extingue cuando termina un mandato.
“El Estado ha entrado en una desidia total”
La crítica más fuerte de la entrevista estuvo dirigida al actual gobernador Gustavo Melella. Arcando dijo que la provincia exhibe una marcada falta de mantenimiento, escasa presencia estatal y un Gobierno ausente.
“Hoy el Estado ha entrado en una desidia total. No hay mantenimiento, no hay respuesta, no hay amor al Estado”.
Y profundizó: “El ciudadano lo ve. Hay un gobernador ausente. La gente lo dice en la calle”.
Economía y salarios: “La gente se endeuda para comer”
El ex mandatario trazó un fuerte contraste con su gestión: “En nuestra época, un empleado público llenaba el carrito del supermercado. Hoy no llega ni a un cuarto”.
Y lanzó una frase que sintetiza su mirada actual: “Hoy la gente se está endeudando para comer. Eso es gravísimo”.
Afirmó que muchos ciudadanos perciben que el mandatario pasa más tiempo fuera de la provincia que al frente del Ejecutivo y sugirió que, en varios períodos, la vicegobernadora Mónica Urquiza habría quedado con más frecuencia a cargo del despacho.
Sin desconocer que los viajes oficiales pueden obedecer a gestiones en Buenos Aires, insistió en que la percepción social es negativa y que hoy falta “amor al Estado”.
La defensa de su gestión en Obras Públicas
En uno de los tramos más concretos, Arcando reivindicó su paso por Obras Públicas y afirmó que durante su etapa al frente de esa cartera no se suspendieron clases en Ushuaia por problemas de mantenimiento escolar.
Mencionó incluso a trabajadores puntuales que, según dijo, respondían de madrugada para reparar calderas o resolver desperfectos antes del inicio de la jornada escolar. Para Arcando, ese ejemplo grafica una diferencia entre una gestión con capacidad de respuesta y el presente, que describió como un escenario de abandono.
El paquete de leyes y la presión sobre el sector privado
Otro de los ejes de su intervención fue el rechazo a los proyectos que, según planteó, buscan recaudar más cargando nuevamente sobre el sector privado. Arcando dijo haber leído el paquete de leyes presentado por el Ejecutivo y cuestionó que la salida que se proponga sea incrementar la presión impositiva sobre comerciantes, profesionales y emprendedores.
También cuestionó la situación económica y el impacto en el sector privado:
“No dan más. Le siguen cargando impuestos al privado. Así no se puede sostener la provincia”.
En ese punto afirmó que la actividad privada está asfixiada y que cualquier deterioro del ingreso estatal termina impactando en el comercio, los servicios y el consumo general en toda la provincia.
Para el ex mandatario, el problema no puede resolverse simplemente exprimiendo más a quienes producen, sino revisando el funcionamiento interno del Estado y corrigiendo gastos, prioridades y planificación.
Jubilaciones, caja previsional y una defensa de decisiones impopulares
Arcando defendió uno de los capítulos más controvertidos de la gestión Bertone: la reforma previsional. Recordó que al asumir encontraron jubilados que llevaban tres meses sin cobrar y aseguró que la situación era especialmente grave para quienes percibían haberes más bajos y no podían costear un abogado para obtener un amparo.
Según explicó, las modificaciones que se impulsaron entonces respondieron a una exigencia del contexto fiscal y a la necesidad de sostener la caja previsional. Admitió que fueron medidas resistidas, pero sostuvo que fueron indispensables para equilibrar el sistema y evitar una crisis mayor.
A su juicio, gracias a aquellas decisiones hoy la Caja de Jubilaciones “está dentro de todo equilibrada” y puede pagar en tiempo y forma.
El hospital, la obra pública y los fondos que, según dijo, estaban asegurados
Consultado por el hospital de Ushuaia, Arcando aclaró que la obra no estaba íntegramente pagada al momento de dejar la gestión, pero sí contaba —según su versión— con previsión presupuestaria y financiamiento proyectado para su continuidad por etapas.
Sobre el hospital de Ushuaia, aclaró: “No estaba todo pagado, pero los fondos estaban. Era una obra planificada por etapas, con financiamiento previsto”. Y cuestionó la paralización actual: “Vos pasás y no ves a nadie trabajando. Eso preocupa”.
Explicó que, como toda gran obra pública, se ejecuta por certificados, con redeterminaciones de precios y adecuaciones anuales. También indicó que las demoras suelen multiplicar los costos.
En un tramo de fuerte tono político, recordó el préstamo internacional de 200 millones de dólares gestionado por la provincia durante la administración Bertone, resaltó que se consiguió a una tasa baja por el buen historial de pago de Tierra del Fuego y aseguró que al finalizar la gestión aún quedaban alrededor de 150 millones de dólares sin utilizar. Sobre ese remanente, dijo no saber qué ocurrió.
El camino costero y la necesidad de una vía alternativa hacia Tolhuin
Arcando volvió sobre una vieja discusión estratégica: la continuidad del camino costero. Remarcó que no se trata sólo de una obra vial para desarrollo turístico o productivo, sino también de una alternativa clave de conectividad si se produjera un evento sísmico o una contingencia que dejara fuera de servicio el paso por Garibaldi.
Planteó que el proyecto debería retomarse y extenderse con una conexión hacia la senda de Lucas Bridges, para así vincular el sector de Almanza con Tolhuin y contar con una segunda vía de comunicación entre el norte y el sur de la provincia.
Incluso comparó esa falta de avance con el despliegue de infraestructura vial del lado chileno, particularmente en el sector de Yendegaia y Navarino.
Intervención del puerto: “Nos venían avisando y no corregimos”
Otro capítulo fuerte fue el de la intervención administrativa y operativa del puerto. Arcando sostuvo que la situación no fue sorpresiva y que desde hacía tiempo existían inspecciones y advertencias sobre irregularidades o incumplimientos.
Según expresó, si el Estado nacional otorga a la provincia la administración de un área estratégica y ésta no cumple las condiciones establecidas, la concesión puede ser revisada o retirada. Desde esa lógica, interpretó que la intervención fue la consecuencia de no haber corregido a tiempo problemas que eran conocidos.
“Esto se venía viendo hace más de un año. Mandaban inspecciones. Si no corregís, te intervienen. Es así”.
A ello sumó críticas al manejo judicial del caso por parte de la provincia, al señalar que se habría actuado incluso con errores formales, como la intervención de un estudio que no tenía matrícula para litigar en el fuero federal. “Se hicieron mal las cosas desde el principio, incluso con abogados que no tenían matrícula federal”.
Una reivindicación de obras duraderas y una crítica a los trabajos actuales
En otro tramo, el ex vicegobernador contrapuso obras históricas de Ushuaia y Río Grande con intervenciones más recientes que, según sostuvo, no resisten el paso del tiempo.
Puso como ejemplo la avenida Magallanes, impulsada durante la gestión municipal de Mario Daniele, y algunos tramos emblemáticos de Río Grande. Según Arcando, fueron trabajos ejecutados con calidad y control técnico, a diferencia de obras actuales que deben ser reparadas o repavimentadas al poco tiempo de inauguradas.
La autocrítica: funcionarios que no conocían la realidad fueguina
Aunque la mayor parte de la entrevista estuvo centrada en cuestionamientos al presente, Arcando también asumió errores propios y de la gestión de la que formó parte.
Dijo que si aquel espacio hubiese gobernado sin fallas, habría ganado la reelección. Entre las principales autocríticas, mencionó la incorporación de funcionarios que “no conocían la realidad de la provincia” y la pérdida de contacto con la ciudadanía por parte de sectores del gobierno.
En ese sentido, sostuvo que él mantuvo siempre cercanía con la gente y recorridas permanentes por todo el territorio, desde Tolhuin y Almanza hasta la Antártida y la Isla de los Estados. Pero admitió que esa impronta no siempre se replicó en el conjunto de la administración.
La crisis del gas y una defensa de su capacidad de respuesta
Arcando recordó también el episodio de la caída en la presión de gas en Ushuaia, cuando le tocó quedar a cargo del Ejecutivo. Dijo que tuvo que ponerse al frente de la situación, coordinar con empresas, organismos y autoridades nacionales, y gestionar incluso el uso de un avión Hércules para traer desde el continente equipamiento indispensable para reparar el sistema.
Ese episodio fue presentado por el dirigente como ejemplo de gestión territorial, de presencia y de resolución concreta en momentos críticos.
La legislatura, los actos patrios y la pérdida de respeto institucional
Sobre la Legislatura, Arcando evitó hacer una evaluación detallada del desempeño de cada parlamentario, aunque sostuvo que el cuerpo debería sesionar más y tener, al menos, una reunión ordinaria mensual.
Más enfático fue al referirse a la escasa presencia de funcionarios y legisladores en actos patrios y homenajes a próceres. Consideró que existe una pérdida de respeto por los símbolos nacionales y por figuras fundacionales de la historia argentina.
Desde su mirada, quienes ejercen cargos públicos deberían dar el ejemplo con su presencia en esas fechas y ceremonias.
La crisis de OSEF y la responsabilidad del Ejecutivo
Consultado por la situación de OSEF, Arcando fue tajante: afirmó que la responsabilidad primaria recae en el Poder Ejecutivo y no en la Legislatura.
Argumentó que los representantes institucionales dentro del organismo corresponden al Ejecutivo y a los sectores activos y pasivos, y que los legisladores sólo intervienen en la medida en que deben analizar proyectos o pedidos de informes vinculados a la situación general.
Su planteo fue que no se puede cargar sobre la Cámara una responsabilidad operativa que, según dijo, no le corresponde.
Policía provincial, bajos salarios y retiros masivos
Arcando también opinó sobre la situación de la Policía de Tierra del Fuego. La definió como compleja y vinculó el retiro de muchos efectivos y jefes con dos factores principales: los bajos salarios y el temor a eventuales cambios legislativos que pudieran elevar la edad o los años requeridos para jubilarse.
Aseguró que cuando circula el rumor de una posible modificación del régimen, quienes están en condiciones de retirarse aceleran la decisión por temor a perder ese derecho. Además, sostuvo que muchos policías no llegan a fin de mes y terminan complementando ingresos con otras actividades.
Para el ex mandatario, una fuerza de seguridad mal paga y preocupada por su economía difícilmente pueda concentrarse de manera adecuada en la tarea de prevención y protección.
Reforma constitucional: sí, pero no ahora
Arcando dijo estar de acuerdo con la necesidad de reformar la Constitución fueguina, pero rechazó que ese proceso se encare en este momento. A su criterio, debería realizarse junto con las próximas elecciones provinciales, de manera simultánea con la elección de gobernador, legisladores y convencionales constituyentes.
“Hay que reformar la Constitución, pero no son los tiempos”, dijo y fue contundente: “No podés cambiar las reglas cuando estás gobernando. Tenés que respetar la Constitución que juraste”.
El argumento central fue político e institucional: sostuvo que impulsar ahora la reforma genera sospechas sobre eventuales beneficios para quienes hoy ejercen el poder, en particular si el objetivo fuera habilitar nuevas reelecciones o alterar reglas en pleno proceso.
Con una frase directa, planteó que quien juró respetar una Constitución no debería “borrarle el juramento con una lapicera” para modificar las reglas en su favor.
Milei, el desencanto con la política y la posibilidad de nuevas figuras
Al analizar el escenario nacional, Arcando sostuvo que Javier Milei llegó al poder capitalizando el profundo descreimiento social hacia la política tradicional, especialmente entre los jóvenes.
Dijo que ya antes del ballotage advertía ese fenómeno en el contacto cotidiano con estudiantes y vecinos, y que por eso anticipó que Milei sería presidente. Sin embargo, consideró que hoy el mandatario nacional comenzó a perder parte de su credibilidad, mencionando como factores episodios como el caso Libra, la actuación de voceros oficiales y otras controversias públicas.
Aun así, señaló que persiste un respaldo importante a la idea de ordenar la economía, aunque admitió que ese ordenamiento está siendo “muy duro para la gente”.
También dejó flotando una hipótesis política: la posible aparición de una nueva figura nacional con capacidad de disputar centralidad, alguien que pueda atraer al peronismo, al sindicalismo y a sectores moderados. Aunque evitó dar nombres en forma abierta, sugirió que observa movimientos en ese sentido.
Nuevo País y la estrategia electoral
Arcando también habló del partido Nuevo País, espacio que conserva tras su paso por el Ejecutivo. Allí dejó una definición singular: dijo comprender a quienes, una vez terminado su mandato, se alejaron para sumarse a otras gestiones o buscar nuevas oportunidades.
En lugar de reprochar esas decisiones, aseguró que siempre entendió que cada dirigente o colaborador debe construir su futuro y que él nunca fue partidario de perseguir a nadie por no continuar a su lado.
Ese razonamiento derivó en otra reivindicación de su estilo de conducción. Recordó que cuando asumió en Obras Públicas, en 2001, no desplazó al personal existente ni desarmó equipos por pertenecer a una gestión anterior. Por el contrario, relató que mantuvo a trabajadores y funcionarios, y que sólo exigía compromiso con la administración en curso.
Explicó que Nuevo País hoy tiene presencia en varios distritos, entre ellos Tierra del Fuego y la provincia de Buenos Aires, y que cada espacio se maneja con autonomía.
Aclaró que en la última elección no hicieron acuerdos y no participaron, pero confirmó que en la próxima contienda nacional sí deberán hacerlo para sostener la personería política.
En cuanto al escenario provincial, no confirmó candidaturas ni alianzas, aunque dejó abierta la puerta a futuras definiciones.
Radar de Tolhuin y base naval integrada
Sobre el radar instalado en Tolhuin, Arcando adjudicó responsabilidades tanto a funcionarios nacionales como provinciales que autorizaron su emplazamiento o aprobaron trámites vinculados al impacto ambiental.
Recordó que luego surgieron informes del Ejército advirtiendo que ese equipamiento podía tener uso militar y sostuvo que, según la información que él maneja, el “corazón electrónico” del radar habría sido desmantelado, quedando sólo la estructura exterior. De todos modos, reclamó una resolución judicial definitiva que aclare formalmente la situación.
En paralelo, rechazó que se identifique a la base naval integrada como una “base norteamericana”. Señaló que se trata de un proyecto histórico de la Armada Argentina, que fue impulsado durante distintas gestiones y que las obras iniciales se realizaron con recursos nacionales, a través de Tandanor.
Para Arcando, esa infraestructura es estratégica si la Argentina quiere consolidar a Ushuaia como puerta de entrada a la Antártida y evitar que toda la logística siga dependiendo de puertos chilenos.
Cristina Kirchner y la idea de “presa política”
En otro tramo delicado, Arcando fue consultado sobre la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Evitó hablar en términos de persecución y sostuvo que la Justicia actuó en las distintas instancias que correspondían.
Dijo no ser quién para juzgar a otro poder del Estado y reafirmó una visión clásica de división de poderes: el Judicial, el Legislativo y el Ejecutivo deben actuar con independencia. En ese marco, consideró que la situación de la ex presidenta debe interpretarse en función de los fallos dictados por los tribunales.
¿Vuelve Arcando?
Ya hacia el final, Arcando dejó abierta la incógnita sobre un eventual regreso. Aseguró que, por edad y energía, todavía podría volver, aunque también remarcó que disfruta de su familia, de sus hijos y de sus nietos, y que sabe que cualquier regreso a la función pública implicaría para él una dedicación absoluta.
Dejó abierta la puerta: “Podría volver, sí. Estoy bien, tengo energía. Pero también quiero disfrutar de mi familia”.
No cerró la puerta, pero tampoco lo presentó como una decisión tomada. Lo que sí dejó en claro es que, si volviera, lo haría con la misma intensidad con la que ejerció sus cargos anteriores: largas jornadas, atención directa y presencia personal.
Y culminó este segmento con una definición que resume toda la entrevista: “Si vuelvo, voy a estar las 24 horas como siempre. Yo no soy de los que están cuatro horas y se van”.
Una reaparición con diagnóstico duro y tono de campaña
La entrevista de Arcando dejó algo más que recuerdos y balance de gestión. Mostró a un dirigente que busca reposicionarse desde la experiencia, la identidad fueguina y una narrativa de cercanía con la comunidad.
Su discurso mezcló defensa de su legado, autocrítica selectiva, cuestionamientos severos al presente provincial, observaciones sobre la política nacional y una reivindicación permanente de Malvinas, la Antártida y la soberanía.
Sin anunciar formalmente una candidatura, el ex gobernador interino y ex vicegobernador reapareció con un tono que ya no es sólo testimonial. Más bien sonó a advertencia, a diagnóstico y, acaso, a ensayo de regreso.
Malvinas, Antártida y la memoria institucional
La causa Malvinas atravesó buena parte de la entrevista. Arcando recordó su participación en la Convención Constituyente de 1994 en el ámbito nacional, mencionó la discusión sobre la cláusula transitoria primera referida a las islas y reivindicó el rol de dirigentes fueguinos en la defensa de esa cuestión.
También destacó el carácter bicontinental de la provincia y afirmó que Tierra del Fuego no puede desentenderse de la Antártida. En ese marco, relató gestiones impulsadas durante su paso por la función pública para atender necesidades logísticas, educativas y sanitarias en bases antárticas, incluyendo el envío de equipamiento y computadoras del programa Conectar Igualdad a la escuela de la Base Esperanza.
Arcando insistió en que esos habitantes también son ciudadanos fueguinos y en que la provincia debe tener una presencia activa, no meramente declamativa.
El bastón, la banda y Malvinas como símbolo personal y político
Uno de los pasajes más significativos de la entrevista estuvo vinculado a los días en que le tocó asumir como gobernador. Arcando recordó que debió salir a desmentir versiones que señalaban que el Estado le había pagado el bastón y la banda de mando.
“Ese bastón me lo pagué yo. No lo pagó el Estado. Porque lo que compra el Estado tiene que quedar en el Estado. Yo lo quise como algo personal, pero también como algo simbólico”, explicó.
En especial, se detuvo en el valor simbólico del bastón: señaló que la empuñadura y la base fueron confeccionadas con material fundido proveniente de casquillos recogidos en Darwin, en las Islas Malvinas, por el orfebre Juan Carlos Pallarols. También remarcó que su banda de gobernador incluía bordadas las Islas Malvinas bajo el escudo provincial.
Pero lo más potente está en su composición: “¿Sabés qué tiene la empuñadura? Está hecha con casquillos del campo de batalla de Malvinas, de Darwin. El orfebre Pallarols fundió esos casquillos y con eso hizo la Rosa de la Paz. Yo le pregunté si le había quedado material… y con eso se hizo mi bastón”.
Arcando remarcó que esos restos metálicos provienen del propio escenario de combate de 1982, sin distinción de origen: “Estamos hablando de casquillos del campo de batalla. Pueden ser de nuestros soldados, de nuestros suboficiales, o incluso de los ingleses. Pero todos forman parte de la misma historia, de la misma batalla”.
Y agregó una reflexión que conecta lo material con lo simbólico: “Yo tengo ese bastón con un cariño enorme. Porque no es un objeto cualquiera. Es parte de la última batalla que tuvo la Argentina. Y eso no se olvida. Para mí Malvinas no es el 2 de abril, son los 365 días del año”.
Incluso reveló que ese objeto forma parte de un legado que aún no definió: “No sé a quién se lo voy a dejar. Si a mis hijos, a mis nietos… o si lo voy a donar. Pero tiene un valor que va más allá de lo personal, es algo que pertenece a la historia”.
Para Arcando, esos elementos no son apenas atributos protocolares, sino piezas atravesadas por la causa Malvinas, una dimensión que, según dejó claro, estructura buena parte de su pensamiento político e institucional.
Pandemia, vacunas y un mensaje a los adultos mayores
Al recordar lo que ocurrió tras dejar el poder, Arcando explicó que la pandemia marcó un repliegue inevitable. Señaló que eligió cuidarse, permanecer guardado durante un tiempo y luego vacunarse. Incluso contó que lleva ocho dosis contra el COVID y recientemente se aplicó también la vacuna antigripal.
Lejos del discurso antivacunas, defendió abiertamente la inmunización y recomendó a los adultos mayores y a las personas con enfermedades preexistentes que se vacunen, al advertir que la cepa gripal que circula este año “viene muy dura”.

















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