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“El Poder Judicial tiene que ser independiente pero no indiferente”

El integrante del Superior Tribunal de Justicia, Dr. Javier Muchnik, destacó la necesidad de reevaluar el sistema judicial actual y buscar soluciones alternativas para lograr una mayor satisfacción de víctimas y sociedad. En ese sentido pone todas sus esperanzas en avanzar en la Legislatura “con la famosa reforma procesal penal e ir al sistema acusatorio en donde todo sea oral, y se transparenten bien los roles de cada actor dentro del proceso. En el mientras tanto, le vamos haciendo sugerencias a partir del dictado de fallos, a las instancias anteriores, para que vayan, por ejemplo, receptando la opinión de la víctima, para que cuando fiscal y víctima están de acuerdo en que el proceso no debe seguir, allí no tiene por qué intervenir el juez, porque entonces se pierde imparcialidad”. El Ministro de la corte fueguina entendió que “la pena de prisión como tal y como está planteada en el marco normativo tampoco sirve, porque intentar resocializar a alguien con una pena privativa de libertad es como enseñar a jugar al fútbol dentro de un ascensor”.

Río Grande.- El doctor Javier Muchnik, Vocal del Superior Tribunal de Justicia, participó en el congreso sobre prácticas restaurativas en la justicia. Destacó la necesidad de reevaluar el sistema judicial actual y buscar soluciones alternativas para lograr una mayor satisfacción de víctimas y sociedad.

Consultado por FM La Isla sobre el panorama de la justicia a nivel nacional con el cambio de gobierno teniendo en cuenta que ha tomado un rumbo de gestión diametralmente opuesto al anterior, el Ministro del Superior Tribunal de Justicia dijo que “el Estatuto del Poder, que es la Constitución, ni más ni menos, que es eso, es un estatuto donde se diagraman atribuciones y competencias entre los tres poderes de Estado, a veces no prevé todas las situaciones, imagínese, desde el año 1853, y aún con la Reforma del 94 la Constitución Nacional mantiene esa cuestión pétrea en el diagrama de los poderes desde el siglo pasado, con lo cual no es una herramienta sencilla que facilite lo que hoy en día se denomina sano diálogo institucional entre los poderes”.

 

Diálogo entre los tres poderes del Estado

 

“Tiene que haber este diálogo entre los tres poderes gobiernan con distintas miradas y distintos espacios de competencia. Por supuesto que el Ejecutivo tiene la mayor carga en esta diferenciación de roles, la mayor carga en la administración y gestión de los recursos, y en eso el Poder Judicial no se puede meter, y el Poder Legislativo, como el Congreso, tiene una mirada distinta, muy cargada con la connotación política partidaria, y en eso el Poder Judicial tampoco se puede meter, pero en general lo que se intenta hacer es, en primer lugar, dar espacio a que cuestiones que son de corte netamente político, se intenten resolver en esos ámbitos políticos. Que digamos que la decisión judicial, en este caso de la Corte Suprema, sea la última instancia, que los actores políticos intenten llevar a buen puerto el conflicto, sobre todo cuando el conflicto tiene un matiz netamente de política partidaria”, observó Muchnik.

“El problema es que el sistema procesal, por llamarlo de alguna manera, de acceso a la Corte Suprema para que la Corte se expida, tampoco es muy ágil que digamos. Son procesos escritos, más allá de que la Corte ha instaurado e implementado sistemas de audiencias públicas y orales, pero en general se llega allí luego de algún procedimiento escrito que de por sí es largo y tedioso. Y en el mientras tanto pasa esto, se generan distintas opiniones y distintas miradas que van contribuyendo con la formación de las ideas de cada uno de los que vivimos en la sociedad. Pero hay que tener en claro que independientemente de los tiempos la última palabra en materia de si algo es constitucional o no en nuestro país la tiene la Corte Suprema. Entonces, en el mientras tanto podrá haber muchas opiniones y muchas miradas generalmente de académicos o de gente que se dedica a la doctrina, pero no será más que eso, una mirada y una opinión”, acotó.

Agregó en este sentido que “tampoco sería muy sano, por cierto, que un tema que salga al ruedo rápidamente sea tomado por la Corte y la Corte rápidamente lo resuelva, porque la experiencia también indica a veces que cuando las cosas decantan, por supuesto me estoy refiriendo a plazos razonables, cuando las cosas van decantando y se les da el espacio a los actores políticos para que intenten llegar a una solución consensuada, bueno, eso también es bueno porque eso le permite asegurar la permanencia de la decisión, en principio. Si todo fuera dependiente de decisiones de la Corte, la verdad que sería muy frágil el volumen político de lo que se intenta hacer. Y la Corte no está para dirimir conflictos políticos, solamente conflictos de poderes en tanto y en cuanto encierren diferencias de competencias o atribuciones. No más que eso. Lo otro es falta de madurez de las instituciones que se dedican a las cuestiones políticas, falta de diálogo, que ahí otra vez el Estatuto del Poder Constitucional deja poco margen porque si uno está supeditado cada dos años o cada cuatro años a un régimen eleccionario, es muy difícil humanamente hablando generar políticas de Estado de largo alcance”.

“Eso también contribuye con perturbar una mirada estratégica en términos de políticas de Estado que trascienda generaciones. Eso requiere mucha madurez política, mucho liderazgo, mucho estadista y a veces la ausencia de esos valores no contribuye a consolidar políticas de Estado que no sirvan a todo y a las generaciones que vienen, sobre todo”.

 

Los jueces y las redes sociales

 

Consultado sobre como impacta en la decisión de la justicia frente a los medios de comunicación y especialmente las redes sociales y las repercusiones inmediatas.

“Es un enorme desafío. Es un enorme desafío porque todos los que integramos en general los poderes judiciales estamos entrenados en otra cosa. Tenemos poco entrenamiento y la verdad que la modernización en términos comunicacionales nos ha pasado por arriba”, admitió.

Muchnik se mostró contrario a que los magistrados se expongan en las redes sociales. “Con relación a las redes sociales tengo una mirada muy personal. Me parece que la utilización de redes sociales -y esto no lo digo yo, lo dice el Código Iberoamericano de Ética Judicial, al cual nosotros hemos adherido- no es conveniente. El juez tiene que abstenerse de cualquier comportamiento que permita generar en la sociedad la mera duda o sospecha de falta de imparcialidad. Entonces, si la utilización de una red puede dar pie a eso, pues no hay que usarla. Si la asistencia a determinado lugar puede dar lugar a eso, pues habrá que cuidarse y no ir. Por supuesto todo en su justa medida, porque estamos hablando también de personas que son seres humanos y tienen derecho a disfrutar con su familia y sus amigos sus cuestiones personales, porque ahí la persona no es juez, sino que cumple otro rol. Por eso a mí me gusta mucho diferenciar que no somos jueces, trabajamos de jueces, porque decir que uno es juez, supone que lo es las 24 horas en los 365 días del año, y eso tampoco es correcto, ni saludable”.

“Uno trabaja de juez, y bueno, con errores y con defectos, pero cuando está con sus amigos allí no es juez, y por supuesto tampoco puede ser juez de sus amigos, ni tampoco cuando tiene vínculos familiares, por eso las causales de excusación y demás. De manera que la cuestión de redes sociales, y sobre todo en lugares chicos, y las actividades sociales de los jueces, hay que tomarlo con mucha prudencia, justamente porque se nos paga, y tenemos un privilegio en ese sentido, porque tenemos estabilidad laboral, autarquía y autonomía presupuestaria y tenemos intangibilidad salarial; tenemos esos privilegios, pero que tienen su contracara. O sea, yo no puedo pretender gozar exactamente con la misma amplitud de todos los derechos que tienen todos los ciudadanos, y encima las prerrogativas que tengo con el cargo. Alguna limitación tengo que poder tener. Entonces, a mí me parece que hay cosas que los jueces no podemos hacer, a diferencia de las otras partes del proceso, porque ellos intervienen representando intereses de parte, es distinto”, contrastó.

“Creo que ahí uno tiene que, es decir, uno es humano, y cuando uno está manejando en la calle, si un automovilista hace una mala maniobra, que a uno se sale de la vaina por abrir la ventana, no lo puede hacer. No lo puede hacer. Y lo pongo como un ejemplo de cosas que uno tiene que autolimitarse, pero justamente tiene que autolimitarse porque está cumpliendo un rol. vuelvo al Código Iberoamericano. Todo aquello, todo comportamiento o conducta que permita engendrar la sospecha de que ese juez ya perdió imparcialidad, y hay que evitarla. Por eso la utilización de redes sociales a veces es una tentación que muestra un costado del juez que a lo mejor no contribuye con esa imagen de imparcialidad que se pretende, sobre todo en sistemas como el nuestro, que están bastante deslegitimados en términos de que no accedemos al cargo por votación popular. Entonces, hay que tener cuidado y hay que tener respeto, sobre todo en comunidades chicas, en comunidades grandes ni hablar, pero en comunidades chicas más todavía”.

 

“No me siento integrante de una casta”

 

Preguntado si el Poder Judicial tiene empatía con una sociedad en crisis, no solo en lo económico, Muchnik respondió que “en primer lugar, no me siento integrante de una casta a partir de los denominados privilegios, entre comillas, que tienen los integrantes del Poder Judicial, son justamente esos llamados privilegios, para beneficio de los justiciables, directamente; son para los que ingresan con conflicto al Poder Judicial de manera de asegurarle que esos conflictos van a ser resueltos de una manera independiente e imparcial, por un lado. Ahora, el Poder Judicial es independiente y tiene que ser independiente, aunque no indiferente. Cuando la Constitución de la provincia faculta al Poder Judicial a la confección de su presupuesto, que es un presupuesto que tiene que remitir en tiempo y forma a la Legislatura, por supuesto que lo hace presupuestando las necesidades del servicio que tiene que prestar, pero no sabe cuáles son los recursos con los que se cuentan, qué ingresa y qué sale. De allí el diálogo entre poderes. Entonces, si el Poder Ejecutivo o el Poder Legislativo interpretan que el presupuesto no puede -ya nos ha pasado muchas veces- que el Poder Judicial hace los retoques que tiene que hacer y acompaña, como lo ha hecho siempre, cada vez que el Poder Ejecutivo o el Poder Legislativo ha pedido medidas extraordinarias o excepcionales de acompañamiento, si lo ha hecho, por supuesto que sí. El Poder Judicial, como parte de los tres poderes de Estado, tiene que tener una mirada consustanciada con las dificultades de la gente, aunque no podemos caer en el pensamiento también de homogenizar absolutamente todas las actividades porque todas las actividades no son iguales. Cada poder es independiente. La historia de los poderes en Tierra del Fuego es muy elocuente en ese sentido”, observó.

Añadió que “la oralidad tiende justamente a eso, a ser más eficiente el sistema con un menor costo. Entonces, a la pregunta de cómo ve el Poder Judicial lo que pasa en la órbita de la sociedad en términos de empleo y demás, por supuesto que se lo tiene en cuenta porque no se olvide que el Poder Judicial juzga y falla en cuestiones laborales, en cuestiones comerciales, en cuestiones de familia, no solamente en cuestiones penales, de manera que es imposible no tener una mirada de lo que está pasando en la sociedad. Eso es así, por supuesto”.

 

Segundo Congreso Patagónico de Prácticas Restaurativas y Justicia Penal Juvenil

 

“En el fondo de lo que se trata cuando se habla de prácticas restaurativas o de justicia restaurativa, es de, en primer lugar, decir, bueno, mire, el sistema tal como viene funcionando está fracasando, porque no satisface a víctimas, porque no satisface a la sociedad, porque no tiene carga de legitimidad, en fin, porque la pena de prisión tal como está planteada en términos de intentar resocializar a las personas, estoy hablando en abstracto y genéricamente, más allá de que puntualmente pueda haber excepciones, pero, insisto, la pena de prisión como tal y como está planteada en el marco normativo tampoco sirve, porque intentar resocializar a alguien con una pena privativa de libertad es como enseñar a jugar al fútbol dentro de un ascensor. O sea, directamente es un objetivo previsto en las leyes, pero que es muy difícil de llevar adelante”.

“Por otra parte, es algo que no se puede prescindir, porque si usted plantea directamente disminuir Morigerar o hacer algo con la pena de prisión, evidentemente la conflictividad social se vería allí bastante cuestionada también. Entonces, ¿a qué se refiere esto de restaurativa? Es ni más ni menos que generar ámbitos en donde la víctima del delito y el ofensor intenten reconstituir el vínculo dañado por el delito y el conflicto. Por supuesto estamos hablando de delitos menores”.

“Estamos hablando de delitos pasibles de ser analizados en un marco de restauración o de alguna técnica alternativa de solución de conflictos para que el aparato pesado del sistema judicial se aboque con todos sus recursos a lo más importante, a aquellas afectaciones muy graves de bienes jurídicos y no solamente me refiero con esto a delitos contra la vida o contra la integridad sexual, sino los famosos delitos de cuello blanco, corrupción, por ejemplo, que son tan difíciles de investigar y de generar estándares de prueba para justamente demostrar jurídicamente de que se llevó adelante un delito”.

“Entonces, en estos ámbitos, en estos seminarios, en estos congresos, se trata de algo que, por cierto, no es novedoso, no es nuevo. En la historia de los cultores del derecho penal saben que esto existía ya en el siglo XVI y los romanos lo tenían, donde justamente víctima y ofensor resolvían sus cuestiones en el ágora, digamos, en el ámbito donde la sociedad los podía ver y de lo que se trata es ver, encontrar mecanismos para que todos se vayan satisfechos. Muchas veces, quien es víctima de algún hurto menor, un celular, un daño, la rotura de un vidrio, en fin, lo que quiere es que le reparen lo que le pasó un resarcimiento que puede ser económico, que muchas veces puede ser una disculpa, que a veces permita a la víctima entender el contexto en el cual el ofensor intervino o actuó, que a veces no se sabe”, reparó.

Entendió que “es algo en el que no tiene buen marketing esto, porque en realidad el discurso de orden y de prisión está calando muy hondo en la sociedad, porque vivimos obviamente en una sociedad que está muy sensible con todo esto, entonces que se haga un seminario en donde se intenta dar un espacio a la víctima que hoy no lo tiene”.

Consultado si en el ámbito general de la justicia fueguina se acompaña a este tipo de ideas, Muchnik contrastó que “lo que ocurre es que tenemos la dificultad, no menor, de que tenemos una herramienta de trabajo, como es en los casos de la justicia penal, que es un código provincial que tiene pocas aberturas en donde ingresar con estas alternativas. Entonces, estamos haciendo un trabajo artesanal a partir de criterios jurisdiccionales que se van implementando con distintos fallos, en el caso mío, desde el Superior Tribunal de Justicia, la creación de jurisprudencia”.

El ministro de la corte fueguina se esperanzó en que “podamos avanzar en la Legislatura con la famosa reforma procesal penal e ir al sistema acusatorio en donde todo sea oral, y se transparenten bien los roles de cada actor dentro del proceso. En el mientras tanto, le vamos haciendo sugerencias a partir del dictado de fallos, a las instancias anteriores, para que vayan, por ejemplo, receptando la opinión de la víctima, para que cuando fiscal y víctima están de acuerdo en que el proceso no debe seguir, allí no tiene por qué intervenir el juez, porque entonces no sólo pierde imparcialidad, sino que se subrogan los intereses de la víctima y los intereses del fiscal, en la parte acusadora. Eso lo estamos haciendo nosotros a partir de distintos fallos que se van dictando y, afortunadamente, están teniendo muy buena receptividad”.

Para el alto magistrado, esos fallos son alentados en búsqueda de un objetivo diferente. “La idea es lograr, con la restauración del vínculo que se rompió con la comisión del delito y con el conflicto, pacificar dentro de lo que se puede esa cosa que produjo el hecho delictivo, que es tan crispante y genera sentimientos tan apasionados y cargados de emotividad. Intentamos colaborar en ese sentido; la idea sería que esto no sea una cosa de representantes, sino que los representados sean los actores esenciales y fundamentales del hecho delictivo”.

Agregó que “nosotros tenemos que seguir respetando el presupuesto y, digamos, las funciones de un Poder Judicial que estamos intentando que se achique cada vez más. Es decir, este seminario, este congreso del que hablamos al principio de la charla, tiene que ver con eso. O sea, sacarle al sistema de justicia casos y cosas que pueden ser resueltas por otra alternativa, no es ni más ni menos que contribuir para evitar nombrar más jueces, más fiscales, más defensores, más empleados.

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