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“Argentina tiene una base industrial muy rica”

El Doctor Martín Schorr, investigador del CONICET se refirió a los escenarios a futuro del régimen industrial y económico fueguino al amparo de la prórroga de la Ley 19.640 y observó que “Argentina, aún con todas sus limitaciones del caso, tiene una base industrial muy rica, muy diversa desde donde uno puede pensar en encadenar actividades con sectores con una alta promoción como el régimen fueguino”. También observó que la industria amparada por esta ley de promoción, tuvo en su década de oro una rentabilidad del 60 por ciento cuando en el resto del país era del 20. Schorr consideró que hay capacidad de negociación con estas empresas promovidas “para generar algún tipo de desarrollo de proveedores o de encadenamientos productivos”. También consideró que la sustitución de importaciones “no es un tema del pasado, sino que tiene plena vigencia”.

Río Grande.- Martín Schorr, Doctor en Ciencias Sociales e investigador del CONICET, vía Zoom, brindó su visión sobre el futuro de la Ley 19.640. “Mi idea es brindar unas reflexiones sobre el pasado más reciente del régimen y particularmente por algunas cosas que a mi me quedaron de un trabajo que hicimos analizando lo que fue el último boom de la producción desde fines de la década del 2000 hasta el comienzo del 2010, es el último momento de fuerte auge de la producción”.
Recordó que “lo que motivó este trabajo y que siguen motivando un poco las reflexiones que nosotros, en el área que yo trabajo, estamos teniendo en materia de política industrial, remite básicamente a confrontar un poco con los planteos que son bastante fuertes a nivel de la ortodoxia, pero que también algún enfoque heterodoxo lo recupera alrededor de la inviabilidad del régimen, desde el punto de vista de -entre otras cosas- costos fiscales, sector externo, etcétera”.
“Un poco nosotros lo que tratamos de plantear es algo distinto, que tiene que ver con una realidad no menor, volviendo a esos años de boom, insisto, donde aproximadamente la cuarta parte de la población económicamente activa de la provincia estaba directamente vinculada a las empresas promovidas; es decir, una realidad bastante clara sobre la importancia desde el punto de vista económico y social del régimen y esto me parece que está bastante claro”.
Schorr admitió sin embargo que “hay una serie de cuestiones que hay que hay que atender y que básicamente tienen que ver con la posibilidad o no -hay que ver si esto es posible- de generar algún tipo de encadenamiento productivo de las empresas promovidas con distintos tipos de componentes en sus actividades industriales o de servicios no necesariamente de la Isla, sino en el resto del territorio nacional”.
“Ahí nos chocamos con una primera cuestión -continuó- que era una mirada bastante sesgada diría yo, crítica de los hacedores de políticas en esos tiempos de la heterodoxia que planteaban de una manera bastante coincidente con los sectores liberales que en la Argentina no había manera de utilizar la promoción de Tierra del Fuego como punto de partida de un proceso o detracción de un proceso industrial de componentes o servicios generados en otros lugares del territorio nacional básicamente por dos motivos: primero, porque no había industria y si la había no era eficiente para que tuviera la capacidad de engancharse con las cadenas globales de valor vinculadas a capitales transnacionales o bien locales altamente transnacionalizados, y la segunda crítica era que como era una cadena global de valor era muy poco lo que se podía hacer como para generar esta política industrial de avanzar en un proceso de integración un poco más fuerte”.
El expositor dijo que “nosotros armamos un pequeño modelo económico, muy sencillo, que sigue estando vigente desde el punto de vista del planteo y llegamos a dos conclusiones que me parecen son muy importantes desde el punto de vista de las discusiones que se vienen. La primera es alrededor de una cuarta parte a un tercio del componente importado de la producción que se ensamblaban en esos años en Tierra del Fuego -insisto, en los años de fuerte boom- de la actividad, se producía en el país y no solamente esto, sino que se producía en el país con un nivel de eficiencia y de competitividad muy elevado”, reflejó.
Agregó que “ahí había identificado, a nivel de producto, una cantidad importante de componentes centralmente de producción industrial generada en nuestro país que podía nutrir una estrategia sustitutiva de escalonamiento de la actividad productiva a partir del ensamble en la Isla”.
Observó que “aquí nos chocamos con dos restricciones cuando acercamos un poco estas conclusiones a la discusión de política industrial de esos años con gente del Gobierno nacional pero también del Gobierno de la provincia. La primera crítica que se nos hacía era que puede haber evidencia de producción nacional, pero que evidentemente es una industria que es como se suele plantear, que no es competitiva internacionalmente, lo cual era rebatido con el argumento nuestro que básicamente planteaba un modelo donde se identificaba a sectores (argentinos) de competitividad internacional en la medida que no solo se producían localmente, sino que se estaban exportando y el otro elemento muy claro de esos años era en algún complemento de este estudio que mencioné y que a nosotros nos daba que en promedio las empresas promovidas en la Isla tenían un indicador de rentabilidad ROE (rentabilidad sobre el capital, o por su nomenclatura en inglés, ROE – Return On Equity) de aproximadamente el 60 por ciento y el promedio de la industria de toda la Argentina en esos años se ubicaba en el orden del 20 por ciento”, contrastó Schorr.
Añadió que “si uno hacía o generaba que la empresas radicadas en la Isla tributaran algún impuesto, cosa que en esos años no sucedía, la rentabilidad bajaba del 60 al 40 por ciento, que en definitiva igual era superior al 20 por ciento del promedio industrial de esos mismos años en resto del país. Nosotros planteábamos en esos tiempos del 60 – 40 – 20 que había mucho margen de negociación para sentarse con las empresas promovidas, que en la prebenda estatal le sostenían ese 60 por ciento de rentabilidad como para negociar algo o generar algún tipo de desarrollo de proveedores o de encadenamientos productivos y la verdad que en esos años se avanzó algo, pero lamentablemente fue muy poco por lo que mencioné antes. Había en la heterodoxia que conducía la política económica de esos años, una mirada bastante liberal de la problemática industrial en esta identificación y que era que Argentina no tenía una base industrial como para nutrir algo con producción nacional de componentes y servicios a la industria fueguina y en segundo lugar estaba el problema de eficiencia donde la mirada que se tenía sobre ella era una visión muy ‘ricardiana’ (por el economista David Ricardo), con sentido bastante liberal y tradicional, lo que lamentablemente provocó que nuestro planteo no tuviera ningún tipo de respuesta en el planteo de una discusión de política industrial”.
Schorr consideró que es clave sentar las bases de la discusión “con estos sectores liberales pero también con cierta heterodoxia que dice que a la Isla no le queda otra que reconvertirse productivamente y desarmar o desmantelar el régimen. Me parece que eso es bastante discutible por lo que implica el régimen en términos económicos, sociales y hasta políticos, pero sí creo que este tipo de discusiones tienen un sentido importante por algo que era un poco la conclusión de ese trabajo que creo sigue teniendo una vigencia muy grande”.
En ese punto completó que “primero porque la política de sustitución de importaciones que generalmente está asociada a cosas de otra época y creo que es un argumento en el marco de los dilemas económicos e industriales que tiene la Argentina no es para nada un tema del pasado, sino que tiene una actualidad muy grande, aplicada en el caso fueguino pero aplicada en general, tiene dos elementos que hay que tener en cuenta: la primera y la más obvia es el ahorro de divisas y esto tiene que ver con una economía que permanentemente tiene problemas de ‘restricción externa’, pero desde otro lugar también el tema de la densidad industrial de empezar a reducir en parte -y esto es un elemento central- el perfil de dependencia tecnológica que tiene la industria argentina”.

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