La Asociación Chilena y Hermanos (ACHER) homenajeó a Elba Nimer por su extensa labor de casi 22 años al frente del Hogar San Vicente de Paúl de Río Grande. El encuentro contó con la presencia del cónsul de Chile en Río Grande y Tolhuin, Julio Villarroel Alarcón, y estuvo atravesado por recuerdos, agradecimientos y una profunda valoración del trabajo realizado durante décadas en favor de los adultos mayores. Miguel Cárdenas Pérez destacó que Nimer dejó “huellas” que permanecen en los residentes, sus familias y quienes compartieron con ella el trabajo cotidiano.
Río Grande, 16 de agosto de 2026.– Un emotivo reconocimiento a Elba Nimer reunió este domingo al mediodía a integrantes de la colectividad chilena en la sede de la Asociación Chilena y Hermanos (ACHER), donde se puso en valor su extensa trayectoria y, particularmente, los casi 22 años durante los cuales estuvo al frente del Hogar San Vicente de Paúl.
Del homenaje participó el cónsul de Chile en Río Grande y Tolhuin, Julio Villarroel Alarcón, junto a integrantes de ACHER y miembros de la comunidad que quisieron acompañar a quien durante años dedicó buena parte de su vida al cuidado de adultos mayores.
El referente de ACHER Miguel Cárdenas Pérez fue el encargado de leer las palabras preparadas especialmente para la ocasión, en un momento cargado de emoción que conmovió a los presentes y particularmente a la homenajeada.
“No hablamos solamente de años de trabajo, hablamos de huellas”
El mensaje repasó una historia que comenzó en 1980, cuando para Nimer se inició una etapa caracterizada por el esfuerzo, los escasos recursos y numerosos desafíos, pero también por la construcción de una forma de entender el cuidado basada en el amor, el respeto y el acompañamiento.
“Agradecerte por tantos años de entrega, de compromiso y de dedicación. Por tu empatía, por tu apoyo constante y por esa profunda vocación de servicio que te llevó a trabajar, día tras día, para mejorar la vida de nuestros adultos mayores”, expresó Cárdenas Pérez al leer el reconocimiento.
Las palabras hicieron especial hincapié en que la tarea desarrollada por Nimer trascendió ampliamente una responsabilidad profesional.
“Fuiste una mano que sostuvo, una palabra que acompañó, una persona que escuchó y alguien que supo mirar al adulto mayor no solamente como un residente, sino como una persona con una historia, una familia, recuerdos, necesidades y, sobre todo, dignidad”, destacó el texto.
El reconocimiento también rescató aquellos pequeños actos cotidianos que forman parte de la atención de una persona mayor: acompañarla al comedor, estar presente cuando necesita a alguien, preocuparse por su bienestar, escucharla, compartir una conversación o lograr que familiares y amigos se sientan bienvenidos.
“Porque cuidar no es solamente atender necesidades. Cuidar también es acompañar, respetar, escuchar y hacer sentir al otro que importa”, se señaló durante el homenaje.
Uno de los momentos más emotivos llegó al resumir el significado de tantos años de trabajo: “Cuando hablamos de tu trayectoria, no hablamos solamente de años de trabajo. Hablamos de huellas”.
Huellas, según expresaron desde ACHER, que quedaron en los adultos mayores que acompañó, en sus familias, en sus compañeros de trabajo y en todas las personas que aprendieron de su particular manera de comprender el cuidado.
“Gracias, Elba, por dejar una huella que seguramente permanecerá en el corazón de muchas personas”, concluyó el mensaje de los socios de ACHER.
Nimer: “Primero intentamos cuidar su dignidad”
Luego del reconocimiento, Elba Nimer puso el acento no tanto en su figura personal sino en los principios que sustentan la obra del Hogar San Vicente de Paúl.
“Yo creo que hay que resaltar, por sobre la acción que realicé durante casi 22 años, la filosofía de la obra de San Vicente, que es acoger a toda persona vulnerable que lo necesite”, expresó.
Nimer recordó particularmente la realidad de numerosos adultos mayores que llegaron a Tierra del Fuego siendo muy jóvenes, muchos de ellos para desempeñarse en las zonas rurales, y que atravesaron sus últimos años sin haber podido conformar una familia que los acompañara.
En esos casos, explicó, el Hogar San Vicente de Paúl terminó convirtiéndose en su casa y en el lugar donde transitaron la última etapa de sus vidas.
“Cuando terminaron su vida útil no habían construido un proyecto en familia y estaban solitos, y el hogar ha sido su última morada, donde intentamos primero cuidar su dignidad por sobre cualquier otro aspecto y acompañarlos en su declinar”, reflexionó.
Para Nimer, ese principio sintetiza la esencia de la institución: “Esa es la finalidad de la obra de San Vicente de Paúl, a la cual le estoy eternamente agradecida por la experiencia que pude experimentar”.
También tuvo palabras de reconocimiento para la comunidad chilena y el Consulado de Chile, instituciones que, según remarcó, estuvieron presentes durante todos sus años de trabajo.
“La gente de ACHER, como el Consulado, han sido figuras que a lo largo de toda la experiencia y el tránsito de la actividad acompañaron. Ellos estuvieron siempre presentes”, destacó.
Finalmente, dejó un pedido para el futuro: “Agradecer a toda la comunidad que acompañó y estuvo durante todos estos tiempos que permanecí en la obra, pero que sigan acompañando a San Vicente de Paúl porque cumple una labor inconmensurable dentro de nuestra comunidad”.
Villarroel: “No es una residencia, es su hogar”
El cónsul de Chile en Río Grande y Tolhuin, Julio Villarroel Alarcón, destacó especialmente la importancia que el Hogar San Vicente de Paúl tiene para la comunidad chilena radicada en Tierra del Fuego.
El diplomático explicó que el cuidado y acompañamiento de los adultos mayores, particularmente de aquellos que atraviesan situaciones de vulnerabilidad, forma parte de las responsabilidades y preocupaciones que los cónsules se transmiten al asumir sus funciones.
En ese contexto reveló un dato que demuestra la estrecha relación entre la institución y la colectividad: de los 12 residentes que actualmente viven en el Hogar San Vicente de Paúl, nueve son ciudadanos chilenos.
“Eso demuestra el tamaño o la importancia que tiene para el Consulado la labor que realiza el Hogar San Vicente, porque finalmente complementa o apoya la labor que también el Consulado se preocupa de hacer”, señaló Villarroel.
El cónsul recordó además distintos aportes realizados a lo largo del tiempo. Entre ellos mencionó las gestiones efectuadas durante la administración consular anterior para conseguir una lavadora industrial y posteriormente un repuesto para otro equipo que se había averiado.
Una visita que marcó al cónsul
Villarroel recordó especialmente su visita al Hogar San Vicente de Paúl el pasado 21 de mayo, coincidiendo con el Día de las Glorias Navales de Chile.
Ese día concurrió acompañado por su esposa y compartió un tradicional desayuno con los residentes, experiencia que le permitió conocer personalmente las condiciones en las que viven.
“Pude ver en terreno las condiciones en las cuales también viven estos residentes, que la verdad es que es un lugar maravilloso, es un lugar donde se respeta su libertad, la dignidad de ellos”, expresó.
Y sintetizó su impresión con una definición contundente: “No es una residencia, es su hogar, es la casa de ellos”.
La colectividad chilena llevará las Fiestas Patrias al Hogar San Vicente
Durante el encuentro también hubo espacio para anticipar las celebraciones que se aproximan para la colectividad chilena de Río Grande.
Villarroel recordó la tradicional celebración del Cristo Nazareno, que tendrá lugar el próximo 30 de agosto y que en Río Grande está fuertemente ligada a las familias provenientes del archipiélago de Chiloé.
El cónsul explicó que la tradición del Nazareno en Chile tiene una fuerte presencia en la isla de Caguach, en el archipiélago chilote, y sus orígenes se remontan al siglo XVIII. Con la migración de numerosas familias chilotas, la tradición también echó raíces en Río Grande.
A partir de allí comenzará un septiembre particularmente intenso para la comunidad trasandina, con las celebraciones centrales de las Fiestas Patrias de Chile.
Pero los residentes del Hogar San Vicente de Paúl también serán protagonistas.
Villarroel confirmó que, como ocurre tradicionalmente, el Consulado y ACHER acercarán las celebraciones hasta el hogar para compartirlas con los adultos mayores.
“Parte de la labor que realiza el Consulado y la comunidad chilena, a través de ACHER principalmente, es llevarles las Fiestas Patrias a los residentes en el Hogar San Vicente”, explicó.
La celebración incluye música, cueca, comidas tradicionales y un momento para compartir con quienes, aun después de décadas viviendo en Tierra del Fuego, mantienen intactos sus vínculos culturales y afectivos con Chile.
“Ellos también siguen siendo chilenos en ese hogar y la cultura se la llevamos a donde ellos están”, resumió Villarroel.
El homenaje a Elba Nimer terminó así trascendiendo el reconocimiento individual. Fue también una manera de poner en valor una historia construida durante décadas alrededor del Hogar San Vicente de Paúl, de sus residentes y de quienes asumieron la tarea de acompañarlos.
Una historia en la que, como sintetizaron las palabras que ACHER dedicó a Elba, los años finalmente se cuentan menos por el calendario que por las huellas que quedan en los demás.





















