El historiador David Guevara documentó en su obra “Julio Popper – El Alquimista de El Páramo – Tierra del Fuego – Argentina – 1885-1893” la creación, en 1891, de una particular estampilla impulsada por el explorador e ingeniero JULIO POPPER. No tenía valor postal, sino que funcionaba como una marca de control o “vale” para la correspondencia de los establecimientos mineros y representaba diez centavos o centigramos de oro fueguino. Guevara la define como el primer y único sello local, privado y minero de la República Argentina.
Río Grande, 21 de agosto de 2026 (Ramón Taborda Strusiat).- Entre los numerosos episodios que conforman la historia de Julio Popper en Tierra del Fuego existe uno particularmente atractivo para historiadores, coleccionistas y aficionados a la filatelia: la creación, en 1891, de una singular estampilla vinculada con los establecimientos mineros que funcionaban en el norte de la Isla Grande.
El historiador David Guevara dedicó una extensa investigación al tema en su obra “JULIO POPPER – El Alquimista de El Páramo – Tierra del Fuego – Argentina – 1885-1893”, publicada en 2016.
Allí, en el Capítulo 10, documenta e ilustra la historia de lo que denomina “El sello local de diez centavos o centigramos de oro, Tierra del Fuego, Argentina. 1891”, una pieza que constituye un singular testimonio de aquella etapa de explotación aurífera y ocupación del territorio fueguino.
Una creación de Popper en 1891
Según relata Guevara, a comienzos de 1891 Julio Popper volvió a sorprender con una iniciativa que llevaba su impronta personal: la creación de una marca con apariencia de estampilla destinada a responder a las necesidades que presentaban sus establecimientos mineros.
El historiador sostiene que Popper poseía conocimientos filatélicos heredados de su padre y que esos antecedentes habrían influido en la creación de la pieza.
Guevara la caracteriza como el “primer y único sello local, privado y minero de la República Argentina”, aunque el propio Popper aclararía posteriormente ante las autoridades nacionales que no pretendía otorgarle carácter postal.
La iniciativa estuvo asociada al funcionamiento de los emprendimientos mineros y a las colonias establecidas por Popper en territorio fueguino, individualizadas como “Colonia El Páramo” y “Colonia Popper”, esta última vinculada al área de Río Grande.
No era una estampilla postal

El historiador David Guevara dedicó una extensa investigación al tema en su obra “JULIO POPPER – El Alquimista de El Páramo – Tierra del Fuego – Argentina – 1885-1893”, publicada en 2016.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación de Guevara es precisamente la naturaleza de aquel sello.
Pese a su apariencia, Popper sostuvo ante las autoridades nacionales que carecía de valor postal.
La definió como una “marca en forma de estampilla” que cumplía una función interna de control.
Según la explicación recogida por el historiador, se entregaba a los mensajeros a manera de “vale” para evitar extravíos de la correspondencia que los mineros despachaban desde sus establecimientos.
De esta manera, aquella pequeña pieza fue producto de las particulares condiciones de comunicación existentes en un territorio que, hacia finales del siglo XIX, presentaba enormes distancias, escasos asentamientos y grandes dificultades para el traslado de personas, mercaderías y correspondencia.
Diez centavos o centigramos de oro fueguino
La estampilla tenía además una característica que la volvía todavía más particular: su inscripción representaba diez centavos o centigramos de oro fueguino.
De acuerdo con la descripción realizada por Guevara, los sellos fueron impresos en pliegos de cien unidades, con piezas cuadradas de aproximadamente 10 por 10 milímetros y de color carmín rosado.
El grabado estuvo a cargo del austríaco Rodolfo Soucup, mientras que la impresión litográfica fue realizada en Buenos Aires por la casa Juan H. Kidd y Cía., que funcionaba en aquel entonces en la calle San Martín 151.
Así, una pequeña pieza concebida para responder a necesidades prácticas de los establecimientos fueguinos terminó siendo diseñada y producida a miles de kilómetros de distancia, en la Capital del país.
Una pieza singular de la historia filatélica argentina
La particularidad del sello fueguino reside precisamente en esa combinación de características.
No fue una emisión oficial del correo argentino ni pretendió, según la explicación de Popper, sustituir el franqueo establecido por el Estado. Fue una marca privada vinculada con una explotación minera y utilizada dentro de un sistema propio de transporte y control de correspondencia.
Esa condición convirtió con el paso del tiempo a las estampillas de Popper en piezas de especial interés histórico y filatélico.
Más de 130 años después, aquellas pequeñas impresiones permiten reconstruir aspectos cotidianos de la vida en los primeros establecimientos instalados en el norte fueguino y comprender las dificultades logísticas existentes durante aquella etapa.
El escudo de Tierra del Fuego diseñado por Popper
La investigación de David Guevara también recupera otro elemento iconográfico de aquella época: el Escudo de Tierra del Fuego de 1891 diseñado y utilizado por Julio Popper.
La pieza forma parte del universo de símbolos, documentos y representaciones producidos alrededor de sus emprendimientos y expediciones en la Isla Grande.
Junto con el sello de diez centavos o centigramos de oro, constituye un testimonio gráfico de una etapa de la historia fueguina marcada por las exploraciones geográficas, la explotación aurífera y el avance de emprendimientos privados sobre un territorio que atravesaba profundas transformaciones.
Un patrimonio conservado por coleccionistas e investigadores
El trabajo de Guevara permite además poner en valor el papel de investigadores, filatelistas y coleccionistas en la preservación de estas piezas.
Entre las imágenes que acompañan la documentación histórica se encuentra un cuadro con estampillas de Popper, aportado gentilmente por Miguel Casielles, presidente de la Asociación de Filatelia y Numismática de Río Grande.
El material permite observar físicamente un capítulo de la historia que, de otra manera, permanecería limitado a documentos escritos y referencias bibliográficas.
La filatelia y la numismática adquieren así una dimensión que excede ampliamente el coleccionismo: sellos, monedas, vales y documentos pueden convertirse en fuentes para reconstruir actividades económicas, sistemas de comunicación y formas de organización de una sociedad en determinado momento histórico.
Una pequeña estampilla que cuenta una gran historia
La estampilla creada por Julio Popper en 1891 constituye, en definitiva, una diminuta pieza material detrás de la cual aparece buena parte de la complejidad de aquella Tierra del Fuego de finales del siglo XIX.
En apenas diez milímetros quedaron reunidos el oro fueguino, los establecimientos mineros, las dificultades para transportar correspondencia, la iniciativa privada de Popper y hasta la necesidad de recurrir a grabadores e imprentas de Buenos Aires para producir una marca destinada a circular en uno de los territorios más australes del mundo.
El trabajo documental realizado por David Guevara permite rescatar esa historia y devolverle contexto a una pieza que hoy puede contemplarse como objeto filatélico, pero que en 1891 nació para resolver una necesidad concreta en los establecimientos mineros de Tierra del Fuego.
Las imágenes históricas
El material que acompaña esta reseña comprende:
Escudo de Tierra del Fuego de 1891, diseñado y utilizado por el explorador y geógrafo rumano, ingeniero Julio Popper.
Estampilla de Tierra del Fuego, Argentina, emitida por Julio Popper en 1891.
Cuadro de estampillas de Popper, gentileza de Miguel Casielles, presidente de la Asociación de Filatelia y Numismática de Río Grande.
Las imágenes pertenecen al material histórico difundido por David Guevara y complementan la documentación desarrollada en su obra sobre Julio Popper y su presencia en Tierra del Fuego entre 1885 y 1893.





















