En los últimos días se conoció una noticia que pasó relativamente desapercibida para buena parte de la opinión pública fueguina, pero que encierra una discusión mucho más profunda que la mera cifra de una inversión. Pan American Energy anunció que destinará 680 millones de dólares al yacimiento Cerro Dragón, en Chubut, bajo el paraguas del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Río Grande (Ramón Taborda Strusiat).- Pan American Energy (PAE) anunció una inversión de US$ 680 millones en el yacimiento Cerro Dragón, ubicado principalmente en la provincia de Chubut, en lo que será el primer proyecto presentado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) vinculado específicamente a la producción convencional de petróleo en Argentina.
Según publicó EL CRONISTA, el anuncio fue realizado por el CEO de la compañía, Marcos Bulgheroni, durante una reunión junto al ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, y autoridades del área energética nacional.
Recuperación terciaria para extender la vida del mayor yacimiento convencional del país
La inversión estará orientada a profundizar procesos de recuperación terciaria, una técnica utilizada en campos maduros cuando los métodos tradicionales de extracción comienzan a perder eficiencia.
El objetivo es movilizar petróleo que permanece atrapado en el reservorio y aumentar la recuperación final de hidrocarburos. Para ello, PAE prevé construir 22 plantas de inyección de polímeros, acondicionar cerca de 220 pozos inyectores y trabajar sobre aproximadamente 650 pozos productores.
Según las estimaciones difundidas, el proyecto permitirá incorporar unos 24 millones de barriles adicionales a lo largo de su vida útil y alcanzar una producción incremental equivalente a 11.300 barriles diarios de petróleo en su pico operativo.
Cerro Dragón, un gigante de la producción convencional
Cerro Dragón es considerado el principal yacimiento convencional de petróleo de Argentina y uno de los más importantes de la Cuenca del Golfo San Jorge.
El área abarca más de 3.400 kilómetros cuadrados, posee más de 2.900 pozos y representa alrededor del 15% de la producción petrolera nacional, con niveles cercanos a los 100.000 barriles diarios. Además, genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos en la región patagónica.
PAE opera el yacimiento desde 1997 y ha invertido durante décadas en distintos procesos de recuperación secundaria y expansión productiva. La compañía también desarrolló allí importantes proyectos gasíferos que posicionaron a Cerro Dragón entre los principales productores de gas convencional del país.
El primer RIGI para petróleo convencional
La presentación resulta particularmente significativa porque hasta ahora los principales anuncios bajo el régimen RIGI estuvieron asociados a proyectos mineros, infraestructura energética, GNL y desarrollos no convencionales.
De aprobarse, este sería el primer proyecto de gran escala destinado específicamente a revitalizar la producción petrolera convencional mediante beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios previstos por el régimen impulsado por el Gobierno nacional.
El RIGI otorga estabilidad regulatoria y tributaria por treinta años para inversiones consideradas estratégicas y se ha convertido en una de las principales herramientas promovidas por la administración de Javier Milei para atraer capitales de gran magnitud.
Una señal para los campos maduros
Más allá del volumen económico, el proyecto es observado dentro de la industria como una señal relevante para las cuencas convencionales que vienen atravesando procesos de declino productivo frente al crecimiento explosivo de Vaca Muerta.
Mientras gran parte de las inversiones energéticas se concentran actualmente en los desarrollos shale de Neuquén, la apuesta de PAE busca demostrar que todavía existen posibilidades de extender la vida útil de grandes yacimientos históricos mediante nuevas tecnologías de recuperación.
Para la Cuenca del Golfo San Jorge, y especialmente para Chubut, el anuncio representa además una expectativa de sostenimiento de actividad, empleo e inversión en una región donde el petróleo convencional continúa siendo uno de los pilares económicos más importantes.
Tierra del Fuego dilata la aprobación a la adhesión al RIGI
También hay una lectura política que seguramente generará debate: este proyecto se convierte en una de las primeras grandes apuestas empresariales que buscan utilizar el RIGI para revitalizar áreas maduras, un tema que en Tierra del Fuego viene siendo seguido con atención por dirigentes, sindicatos y especialistas del sector energético debido a las discusiones sobre inversiones, producción convencional y futuro de las cuencas australes.
Más allá de la política
El debate fueguino sobre la adhesión al RIGI se ha convertido en una disputa política intensa.
Hay quienes como el contador Ramón Gallardo que lo presentan como una herramienta indispensable para atraer inversiones y en esa misma línea está la presidente del Bloque de La Libertad Avanza en la Legislatura provincial, Natalia Gracianía, quien busca los consensos necesarios para que se apruebe. Incluso el propio gobernador Gustavo Melella apoya la adhesión.
Aunque hay también quienes lo consideran una cesión excesiva de beneficios a las grandes empresas.
Sin embargo, la noticia de Cerro Dragón aporta un dato concreto a una discusión que muchas veces se desarrolla en términos abstractos.
La pregunta ya no es si el RIGI es bueno o malo en teoría.
La pregunta es si Tierra del Fuego está en condiciones de atraer inversiones productivas similares y qué debería hacer para lograrlo.
Porque mientras aquí se discute, en otras provincias ya se anuncian proyectos por cientos de millones de dólares.
Lo que genera una inversión
Cuando se habla de 680 millones de dólares, la cifra puede resultar difícil de dimensionar.
Pero detrás de esos números existen empleos, actividad económica y desarrollo tecnológico.
Existen trabajadores petroleros, mecánicos, electricistas, instrumentistas, operadores, ingenieros, choferes, empresas de transporte, talleres, hoteles, comercios y proveedores de todo tipo.
Una gran inversión no se limita a un balance empresarial. Tiene la capacidad de transformar comunidades enteras.
La realidad fueguina
Tierra del Fuego enfrenta actualmente un escenario complejo. La industria electrónica atraviesa dificultades derivadas de la apertura de importaciones y la caída del consumo. El empleo privado muestra señales de preocupación. Las inversiones no abundan y la incertidumbre económica condiciona decisiones empresariales y gubernamentales.
En ese contexto, resulta razonable preguntarse qué herramientas podrían contribuir a generar nuevas oportunidades.
No se trata de adherir a cualquier régimen de manera automática ni de aceptar condiciones sin análisis.
Tampoco de rechazar una herramienta únicamente por razones ideológicas.
Se trata de discutir seriamente qué tipo de inversiones necesita Tierra del Fuego y bajo qué condiciones podrían concretarse.
Pensar el futuro
Quizás la principal enseñanza que deja el anuncio de Cerro Dragón sea justamente esa.
Mientras algunos continúan discutiendo conceptos generales, otros ya están presentando proyectos concretos.
Y los proyectos concretos son los que generan empleo, producción y actividad económica.
La discusión sobre el RIGI no debería limitarse a una confrontación política entre oficialismo y oposición.
Debería servir para pensar qué modelo de desarrollo quiere construir Tierra del Fuego para las próximas décadas.
Porque más allá de las diferencias partidarias, hay una realidad imposible de ignorar: las inversiones siempre terminan llegando a los lugares que logran ofrecer previsibilidad, planificación y una visión clara de futuro.
Desde la distancia de los años, recuerdo aquellos tiempos en Cerro Dragón y comprendo que los yacimientos, las fábricas y los grandes proyectos productivos no nacen por casualidad.
Son el resultado de decisiones políticas, económicas y estratégicas.
Tal vez la verdadera discusión que tenemos pendiente en Tierra del Fuego no sea simplemente si adherimos o no al RIGI.
Tal vez la discusión sea qué estamos dispuestos a hacer para que las próximas grandes inversiones de la Argentina también miren hacia el sur.
Y esa es una pregunta que merece una respuesta mucho más profunda que cualquier eslogan de campaña.





















