Con una inversión que ya roza los 2.000 millones de pesos solo en obra civil, el Municipio de Río Grande avanza en la fase más compleja del proyecto: la instalación de equipos, sistemas y tecnología que permitirán su funcionamiento. Tras años de interrupciones por falta de financiamiento nacional, la obra se sostiene con fondos propios.
Río Grande.- La construcción del nuevo natatorio municipal en la zona de Chacra II–Chacra IV, en la ciudad de Río Grande, transita su tramo decisivo. Con un avance de obra que supera el 80%, el proyecto ingresa en una etapa clave donde la infraestructura comienza a transformarse en un sistema operativo complejo, con la instalación de equipos, redes y tecnología de última generación.
Así lo detalló la secretaria de Obras y Servicios Públicos, Silvina Mónaco, quien brindó precisiones técnicas y económicas sobre una de las obras más ambiciosas del Municipio en materia deportiva y social.
De la estructura a la tecnología: el “alma” del natatorio
Si bien la obra civil se encuentra en un estado avanzado, la fase actual es una de las más exigentes. Se trata del montaje integral de los sistemas que permitirán el funcionamiento del natatorio: climatización, tratamiento de agua, filtrado, redes de incendio y sistemas eléctricos.
“Ahora viene la etapa de armado de instalaciones y de montar todos los equipos que el año pasado el Municipio compró con fondos propios, que es el alma para que funcione la pileta”, explicó Mónaco.
Entre los trabajos en curso se destacan la instalación de conductos de calefacción, luminarias, revestimientos y pintura, junto con el desarrollo de la sala de máquinas, donde se concentrarán las calderas, equipos de aire, sistemas de clorado y tableros principales.
Además, el edificio contará con loza radiante y tecnología aplicada para optimizar el consumo energético y el mantenimiento, en un diseño pensado para alta capacidad de uso.
Una obra atravesada por la crisis de financiamiento
El desarrollo del natatorio refleja, en gran medida, las dificultades que enfrentaron múltiples obras públicas en los últimos años. El proyecto original, iniciado en 2015, atravesó paralizaciones, relanzamientos y cambios de financiamiento.
Según detalló la funcionaria, la obra fue retomada en 2022 con apoyo del Estado nacional, pero los fondos se interrumpieron posteriormente, lo que obligó al Municipio a asumir la continuidad con recursos propios.
“El problema fue que nos quedamos sin fondos. Hubo que acomodarnos para poder hacer inversiones de más de mil millones de pesos en insumos para hoy poder instalarlos”, explicó.
El impacto económico es significativo: de un presupuesto inicial cercano a los 600 millones de pesos, la obra actualizada se acerca hoy a los 2.000 millones solo en obra civil, sin contar el equipamiento, que también implicó una inversión millonaria por parte del Municipio.
Plazos, clima y complejidad operativa
En cuanto a los tiempos de finalización, el objetivo es avanzar hacia una inauguración entre fines de 2026 y los primeros meses de 2027, aunque con condicionantes técnicos específicos.
Uno de los factores clave es el llenado de la pileta, un proceso que debe realizarse en condiciones climáticas adecuadas y que requiere tiempos de asentamiento progresivo. A esto se suman obras complementarias, como los nexos de gas y la coordinación con empresas especializadas para la instalación final.
“No es que uno abre y llena la pileta; es un proceso que lleva tiempo”, advirtió Mónaco.
Un edificio moderno con proyección a largo plazo
Desde el Municipio destacan que se trata de un edificio con tecnología de última generación, lo que permitirá optimizar costos de mantenimiento en el futuro, pese a tratarse de una infraestructura de gran escala.
El natatorio tendrá capacidad para una alta concurrencia, lo que implicará también una estructura operativa importante en términos de recursos humanos, insumos y mantenimiento.
Sin embargo, la incorporación de sistemas automatizados y eficientes aparece como una apuesta a la sostenibilidad del proyecto en el tiempo.
Una obra que trasciende lo deportivo
Más allá de su función específica, el natatorio se proyecta como una infraestructura estratégica para la ciudad, con impacto en el desarrollo deportivo, social y comunitario.
En una Río Grande que continúa expandiéndose, este tipo de obras buscan acompañar el crecimiento urbano y ampliar el acceso a espacios públicos de calidad.
Gestión local en un escenario adverso
El avance del natatorio sintetiza, en buena medida, el modelo de gestión que el Municipio viene sosteniendo: continuidad de obras a partir de recursos propios en un contexto de retracción de la inversión nacional.
En ese marco, la obra no solo representa una infraestructura clave para la ciudad, sino también un símbolo de adaptación frente a la crisis, donde cada etapa completada implica no solo avance técnico, sino también una decisión política de sostener la inversión pública.






















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