Especialistas nacionales e internacionales participaron en la ciudad de un taller de monitoreo e investigación de aves playeras, con prácticas de campo, colocación de transmisores y la instalación de la primera antena de la red Motus. El trabajo científico convive a pocos metros de la vida urbana y refuerza la responsabilidad ciudadana en el cuidado del ambiente costero.
Río Grande.- Esta ciudad se consolidó, una vez más, como un punto estratégico en la ruta migratoria de las aves playeras del hemisferio occidental. Así lo reflejó el taller de introducción a la investigación y monitoreo de estas especies que se desarrolló en la ciudad, con la participación de organizaciones locales, provinciales e internacionales, y especialistas llegados desde distintos puntos del continente y de Europa.
La actividad fue impulsada por la Asociación Ambiente Sur junto a la organización Manomet, y reunió a técnicos y referentes de la Secretaría de Ambiente de Tierra del Fuego, el Municipio de Río Grande, la ONG Estepa Viva, organizaciones de Santa Cruz y Chile, además de investigadores provenientes de Alaska, Paraguay y Holanda. El objetivo central fue fortalecer capacidades locales para el estudio, monitoreo y conservación de aves que recorren miles de kilómetros cada año y encuentran en la costa atlántica fueguina uno de sus últimos refugios estivales.
Ciencia a metros de la ciudad
“Muchas de las aves que vemos en verano vienen desde el hemisferio norte y Río Grande es prácticamente su última parada”, explicó Germán Montero, referente de Asociación Ambiente Sur, en ((La 97)) Radio Fueguina. Especies emblemáticas como el playero rojizo, la becasa de mar y otras aves playeras utilizan estas playas para alimentarse y recuperar energía antes de emprender nuevos tramos de su viaje.
Uno de los aspectos más destacados del taller fue su fuerte componente práctico. Las actividades incluyeron salidas de campo en sectores como Punta Popper, donde los participantes realizaron capturas controladas, anillado científico y la colocación de radiotransmisores de última generación en ejemplares de playerito rabadilla blanca, una de las aves más pequeñas y viajeras del continente.
“La particularidad de Río Grande es que todo esto sucede a muy poca distancia de la ciudad”, subrayó Montero “Mientras trabajábamos en el campo, veíamos la ciudad enfrente. Las bandadas que estudiamos son las mismas que observan a diario los vecinos desde la costanera. Eso genera una conexión directa entre biodiversidad y comunidad”.
Tecnología para seguir vuelos continentales

“Muchas de las aves que vemos en verano vienen desde el hemisferio norte y Río Grande es prácticamente su última parada”, explicó Germán Montero, referente de Asociación Ambiente Sur, en ((La 97)) Radio Fueguina.
El taller marcó además un hito para la investigación local con la instalación de la primera antena de la red Motus en Río Grande, un sistema internacional de seguimiento de fauna que utiliza radiotelemetría para registrar los movimientos de aves marcadas en distintos puntos del continente.
“La tecnología que usamos es muy liviana y no afecta la vida de las aves”, explicó Pablo Gigy Gregoret, de Manomet. “Los transmisores emiten pulsos de radio que son detectados por antenas distribuidas a lo largo de América. No es un seguimiento satelital clásico, pero nos permite reconstruir rutas migratorias con enorme precisión”.
La antena fue instalada en la Escuela Provincial de Educación Integral Marina (EPEIM), con la participación de docentes, guardaparques y técnicos locales, y se suma a una red que conecta sitios tan distantes como la Laguna Mar Chiquita, en Córdoba, la costa atlántica patagónica y áreas del Ártico donde muchas de estas especies se reproducen.
Indicadores de la salud del ecosistema
Más allá del valor científico, los especialistas coincidieron en remarcar el rol de las aves playeras como verdaderos indicadores ambientales. “Son especies extremadamente sensibles. Nos dicen si las playas están sanas, si hay alimento, si el ecosistema funciona”, señaló Gregoret. Por eso, su conservación está íntimamente ligada a prácticas cotidianas como el manejo de residuos, el respeto por las áreas protegidas y la circulación responsable de personas, mascotas y vehículos.
En ese sentido, el trabajo de organizaciones locales como Estepa Viva y Ambiente Sur se complementa con acciones de educación ambiental y monitoreo de especies amenazadas, como el chorlo ceniciento —o chorlo magallánico—, un ave endémica de la Patagonia que habita en pocos sitios de Argentina y Chile.
Responsabilidad compartida
“El cuidado del ambiente no es solo por las aves; es por nosotros mismos”, coincidieron los referentes. Convivir con esta biodiversidad excepcional implica asumir cambios de comportamiento y reconocer que los espacios costeros son compartidos. “Río Grande es una ciudad privilegiada por lo que tiene. Conservarlo es una responsabilidad colectiva”, sintetizaron.
El taller continuará con nuevas prácticas de campo y análisis de datos, mientras la antena recién instalada comienza a registrar señales que conectarán a Río Grande con el resto del continente. En silencio, sobre las playas fueguinas, las aves seguirán trazando un mapa invisible que une ciudades, países y personas bajo un mismo cielo migratorio.

















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