Con la presencia del intendente Martín Pérez, el legislador Matías Lapadula, los concejales Alejandra Arce y Jonatan Bogado, referentes sociales y una amplia participación ciudadana, el Ateneo Tres Banderas fue escenario de una jornada cargada de memoria, arte y compromiso. Hubo intervenciones culturales, un documento político, el mensaje de Tati Almeida y una posterior movilización hacia el acto central de la Multisectorial de Derechos Humanos.
Río Grande.- En una jornada atravesada por la memoria, el arte y la militancia, el partido Provincia Grande llevó adelante en Río Grande un acto político y cultural al cumplirse 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. El encuentro tuvo lugar en el Ateneo Tres Banderas y reunió a un amplio arco de dirigentes, organizaciones sociales, gremiales y vecinos, en un clima de profunda reflexión colectiva.
El evento contó con la presencia del intendente Martín Pérez; el legislador provincial Matías Lapadula; los concejales Alejandra Arce y Jonatan Bogado; y referentes de Nuevo Encuentro como Osvaldo López, Javier Calisaya y Verónica Portillo. También participaron representantes de distintos espacios políticos y sociales, entre ellos Javier Mancilla de la Agrupación Por Siempre Evita, Maxi Barría del Movimiento Social y Político de Trabajadores y Desempleados Solidarios (MTDS), Marcela Millao de Barrios de Pie, y José Luís Rube, coordinador de la Corriente Clasista y Combativa (CCC).
La apertura estuvo marcada por la lectura de un documento político a cargo de Débora Galichini, quien, acompañada por Lapadula y los referentes presentes, puso en palabras el sentido de la conmemoración. En su mensaje, se reivindicó la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, recordando a las víctimas del terrorismo de Estado y destacando el rol histórico de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
“El país vuelve a detenerse para mirar a la historia de frente”, se expresó durante la lectura, en alusión a uno de los períodos más oscuros de la Argentina, signado por la persecución sistemática, la censura, la desaparición de personas y el robo de bebés nacidos en cautiverio. También se evocó a los desaparecidos fueguinos —Juan Carlos Mora, Silvia González de Mora, Guillermo Barrientos, Florencia Rojas y Marcela— como parte de una memoria que, se sostuvo, “no se apaga”.
El documento remarcó además el carácter activo de la memoria: no como un ejercicio del pasado, sino como una herramienta para el presente y el futuro. “La democracia es una construcción diaria que se defiende en cada barrio, en cada organización y en cada lucha colectiva”, se afirmó.
El arte como vehículo de memoria
La jornada tuvo un fuerte componente cultural. Joaquín González y Leticia Franco presentaron la propuesta “Canciones censuradas”, acompañados por el actor Jeremías Velázquez y músicos de la Orquesta Kayén, con la participación del profesor Carlos Gómez. La puesta combinó música, actuación y relato histórico para reconstruir el impacto de la dictadura en la cultura y la vida cotidiana.
Velázquez, tras su intervención, explicó que el objetivo fue acercar la memoria a las nuevas generaciones: “Hay muchas generaciones que no conocen lo que pasó. El arte es una forma de transmitir esa historia y de sostener el reclamo de memoria, verdad y justicia”.
El cierre artístico estuvo a cargo del grupo “Los Amigos del Folklore”, seguido de la lectura del “Poema de despedida” de Alejandro Almeida, en una secuencia que buscó generar emoción y reflexión entre los presentes.
En paralelo, el espacio fue intervenido con imágenes de nietos recuperados y consignas vinculadas a los desaparecidos, incluyendo referencias a las víctimas fueguinas, lo que reforzó el carácter territorial de la memoria.
El mensaje de Tati Almeida y la convocatoria a la movilización
Uno de los momentos más significativos fue la proyección de un mensaje de Tati Almeida, referente histórica de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, quien a sus 98 años convocó a la ciudadanía a movilizarse. “Tenemos que ser muchos para demostrar que la resistencia continúa”, expresó, en un llamado directo a sostener la lucha colectiva frente a los discursos negacionistas.
La jornada concluyó con una marcha de los presentes hacia el acto central organizado por la Multisectoral de los Derechos Humanos, reafirmando el carácter activo y movilizador de la conmemoración.
Las voces políticas: memoria y actualidad
Durante el encuentro, el legislador Matías Lapadula subrayó la importancia de sostener el consenso democrático construido desde el retorno institucional. “Lo que ocurrió fue lo peor que le pasó a la Argentina. El terror, la tortura, la desaparición de personas y el robo de bebés son hechos que deben permanecer en la memoria para que nunca más se repitan”, afirmó.
Lapadula también advirtió sobre los riesgos del negacionismo y destacó el valor de los juicios por delitos de lesa humanidad como ejemplo internacional. “El único camino es el de la memoria, la verdad y la justicia. No puede haber ni olvido ni perdón para estos crímenes”, sostuvo.
En la misma línea, la concejal Alejandra Arce remarcó la importancia de sostener las luchas iniciadas por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, especialmente en el contexto actual. “No es una fecha más. Son 50 años y es fundamental mantener viva la memoria de los pueblos”, señaló.
Por su parte, el concejal Jonatan Bogado destacó el rol de las nuevas generaciones en la construcción de una conciencia democrática. “Recordar lo que sucedió nos permite evitar que se repita. Es una responsabilidad colectiva cuidar la democracia”, expresó.
Memoria desde el territorio
El acto también contó con testimonios como el de René Vergara, quien recordó su experiencia durante la dictadura siendo adolescente. “Fueron años de miedo e incertidumbre. Esa memoria hay que transmitirla a las nuevas generaciones”, afirmó.
En ese sentido, el encuentro en el Ateneo Tres Banderas se consolidó como un espacio de construcción política y social que, desde el sur del país, reivindicó la memoria como eje de identidad y compromiso.
A medio siglo del golpe, la jornada dejó en claro que, lejos de ser un recuerdo estático, la memoria sigue siendo una herramienta viva para interpelar el presente y proyectar el futuro bajo las banderas de la democracia, los derechos humanos y la justicia social.







































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