Cruces públicos, una solicitada interna y el señalamiento a dirigentes que no contarían con aval de las bases dejaron al descubierto tensiones dentro del gremio estatal, en medio del conflicto abierto por el futuro del puerto.
Ushuaia.- La protesta realizada el viernes frente a la Casa de Gobierno dejó algo más que un reclamo visible: expuso con crudeza una discusión interna dentro de ATE en torno al conflicto del Puerto de Ushuaia, particularmente sobre quiénes están habilitados —o no— para hablar en nombre de los trabajadores portuarios.
El episodio se desató a partir de declaraciones públicas de Ramón “Moncho” Calderón, referente del sector gastronómico, pronunciadas en el marco de la manifestación. Sus palabras generaron una reacción inmediata de distintos sectores vinculados al puerto, que cuestionaron su legitimidad para asumir un rol de representación en un conflicto que consideran específico del ámbito portuario.
Pero el foco no quedó limitado a Calderón. En las horas posteriores, comenzó a circular una solicitada interna en la que también se cuestiona a Maximiliano Perpetto, identificado como referente del sindicato de guincheros. En el documento, distintos trabajadores dejan constancia de que ninguno de los dos dirigentes contaría con el aval necesario para erigirse como voceros del conjunto del sector.
En el caso de Perpetto, el texto suma un elemento que complejiza aún más la discusión: se menciona su condición de proveedor del Estado provincial, durante la gestión encabezada por el gobernador Gustavo Melella, un dato que es utilizado por sectores críticos para poner en duda la independencia de su posicionamiento gremial.
La escena frente a Casa de Gobierno funcionó así como una postal de la interna: cuestionamientos directos, reproches por la falta de debate previo y un malestar que venía gestándose puertas adentro. Más allá del reclamo puntual, el conflicto del puerto terminó operando como catalizador de una discusión más profunda sobre conducción, representatividad y legitimidad sindical.
Por ahora, la disputa permanece dentro de los márgenes del gremio, pero deja al descubierto fisuras que, en un contexto de alta sensibilidad institucional y política, podrían escalar si no se abren canales claros de discusión interna. El futuro del puerto sigue siendo el eje, pero la pelea ya no es solo por el qué, sino también por el quién.
















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