Para el partido Principios y Valores, la creciente tensión entre Estados Unidos e Inglaterra, sumada a un reordenamiento del poder mundial, reabre un escenario impensado hace décadas. Desde el extremo sur del continente, resurgen voces que advierten que el reclamo argentino por Malvinas podría encontrar, por primera vez en medio siglo, condiciones internacionales favorables.
Río Grande.- En los últimos 50 años, la Argentina nunca estuvo tan cerca de recuperar las Islas Malvinas como ahora. Así lo plantean distintos espacios de pensamiento nacional que observan con atención la ruptura estratégica entre Estados Unidos e Inglaterra, una fractura que comienza a impactar en el sistema internacional y que podría alterar equilibrios consolidados desde la posguerra.
Justamente, el partido Principios y Valores emitió un documento donde manifiestan que la Doctrina Nacional argentina, en su capítulo dedicado a la acción política internacional, sostiene que “todos los americanos serán considerados compatriotas de los argentinos, atendiendo a los ideales del General San Martín”. Esa concepción continental vuelve a cobrar fuerza en un contexto donde Washington redefine su política de seguridad hemisférica y Londres intenta sostener un orden global en evidente retroceso.
Señales de una ruptura profunda
En las últimas semanas, diversos indicadores refuerzan la hipótesis de un distanciamiento cada vez más marcado entre Estados Unidos y el Reino Unido. Por un lado, el gobierno británico ha comenzado a contradecir uno de los principios centrales de la política exterior estadounidense: la idea de que el libre comercio internacional favorece a China. Esta divergencia no es menor y expone diferencias estratégicas de fondo.
A su vez, la Unión Europea intentó avanzar en un acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR, pero la iniciativa fue bloqueada por el poderoso sector agrícola francés, que incluso recurrió a la Justicia para analizar si se vulneraron los estatutos del Mercado Común Europeo. El episodio dejó en evidencia las tensiones internas del bloque y las dificultades para sostener una política comercial unificada.
En ese marco, el primer ministro de Canadá —funcionario de la Corona británica y, en su carácter institucional, vinculado al Banco de Inglaterra— evocó el célebre principio del conde de Lampedusa: “hay que cambiar todo para que no cambie nada”. La consigna resume el intento de reconstruir el viejo orden internacional bajo los mismos principios de la globalización que, como advirtió en reiteradas oportunidades el papa Francisco, condenaron a la decadencia social, política y económica a amplios sectores del mundo.
Otro dato relevante es el reciente acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea e India, alineado con los BRICS y, en particular, con países miembros del Commonwealth, todos ellos bajo la órbita simbólica del rey Carlos III. Para analistas internacionales, este movimiento representa una ofensiva defensiva frente al nuevo orden multipolar que avanza, con China y el Sur Global como protagonistas.
América para los americanos
La fractura anglo-estadounidense se ve reforzada por la publicación del documento Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (diciembre de 2025), donde Washington establece con claridad que “ninguna potencia extraterritorial debe estar en la región de América”. El mensaje interpela directamente la presencia británica en el Atlántico Sur y obliga a repensar una América para todos los que nacen y habitan el continente, sean groenlandeses, canadienses o malvinenses.
En paralelo, mientras avanza la restitución del eje Chile–Brasil, con la posible incorporación de Bolivia, el presidente chileno José Antonio Kast expresó su voluntad de rediscutir la Patagonia, respaldado por un acuerdo de asistencia estratégica con Inglaterra. La declaración encendió alertas en el sur del continente y reavivó debates históricos sobre soberanía y defensa territorial.
El sur como prioridad estratégica
Para el pueblo más austral del planeta, estos movimientos geopolíticos obligan a pensar con precisión y sin ingenuidades. La defensa de la presencia argentina en la Patagonia, las Islas Malvinas, la Antártida, las Islas del Atlántico Sur y el Mar Austral se vuelve una prioridad estratégica impostergable.
En ese marco, distintos sectores plantean la necesidad de recuperar no sólo las islas, sino también la Zona Económica Exclusiva y el 25% del territorio nacional que permanece usurpado por el Reino Unido, en una de las disputas coloniales más persistentes del siglo XXI.
“La defensa de América frente a las agresiones extranjeras debe realizarse atendiendo a la defensa y seguridad del territorio nacional y del pueblo argentino”, sostienen desde el sur. Un mensaje que combina geopolítica, memoria histórica y una convicción profunda: la causa Malvinas no es sólo una cuestión diplomática, sino un eje central de la soberanía nacional.
Ahora o nunca
A más de cuatro décadas del conflicto bélico, la causa Malvinas vuelve a inscribirse en un escenario internacional en plena transformación. Para quienes impulsan esta lectura, el momento exige claridad estratégica, unidad nacional y una política exterior alineada con los intereses históricos del país.
“Por nuestros soldados de Malvinas —afirman—. Su lucha es nuestro orgullo; su historia, nuestra espada”. En un mundo que cambia aceleradamente, la consigna resuena con fuerza desde Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur: ahora o nunca.

















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